Spacer10x10
Spacer10x10
ZETA  
ZETA Online Edición Impresa Mas Información
Publicidad Ediciones Anteriores Suscripciones Quienes Somos Contactenos English Indice
Spacer10x10 Spacer10x10 Spacer10x10
ZETA Cover
Portada
Zoom Político
Para Empezar
Dezarrollo
Negocioz
Dobleplana
Conversaciones Privadas
Dichoz y Hechoz
Reportajez
Huellaz
Ezenario
En Zerio
Sortilegioz
Un Poco de Algo
Opinionez
Macuachadaz
Cultura
Espectaculoz
Deportez
Spacer10x10 Spacer10x10 Opinionez

Por ética, moral y vergüenza

Juan Camilo Mouriño debe renunciar

Héctor Ramón González Cuellar
 
Sin calidad moral, confianza y credibilidad no puede operar el gobierno federal en quien confió la administración de política interior de la nación. Un funcionario que por hechos cuestionables consumados y aceptados por confesión propia, es puesto bajo sospecha e investigado por la justicia federal a través de la PGR y la Función Pública. Así, bajo este escenario de realidades es imposible que despierte una relación  digna en el trato ante otros poderes de la cada vez más destartalada República de la derecha. 

Una vez más, como evidente secuela del fraude del 2006, Calderón y su grupo de operadores demostraron su enorme torpeza para administrar la República. No lograron ocultar su nerviosismo y futurismo al pretender instalar un aún innecesario y temprano contrincante en la carrera presidencial al trabajo valiente y destacado del jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard. Pero parece que se precipitaron al no estudiar con mayor profundidad y cuidado el expediente del gallego y los crasos errores manifiestos de una desmedida ambición económica y política, traducida a tráfico de influencias e incompatibilidad de funciones en su apuesta española para el novato Juan Camilo Mouriño.

El estrenado titular de la Secretaría de Gobernación, con apenas dos meses en el puesto, Juan Camilo Mouriño, puso a disposición de la Procuraduría General de la República, de la Secretaría de la Función Pública, de las juntas de coordinación política de las dos cámaras legislativas y de “la opinión pública” (dice en Televisa que quiere que la tranquilidad de las amas de casa de sus actos dentro de su ética y legalidad), un expediente con los siete contratos que firmó con Petróleos Mexicanos (Pemex) en calidad de apoderado legal de la empresa Ivancar, propiedad de su familia, en tiempos en que desempeñaba los cargos de presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, coordinador de asesores del secretario de Energía y subsecretario de Electricidad.

En conferencia de prensa, Mouriño emitió de nueva cuenta descalificaciones contra sus detractores y denunciantes y aseguró que convenios como los firmados por él son habitualmente otorgados en adjudicación directa por la paraestatal a diversos transportistas. Por parte del coordinador del gabinete calderonista fue un nuevo paso en falso que, lejos de despejar las sospechas por su actuación, las confirma, robustece y extiende, mucho más allá del Palacio de Covián, al conjunto de la administración pública.

Cabe preguntarse por qué el secretario de Gobernación esperó a que Andrés Manuel López Obrador y la bancada de Convergencia divulgaran otros cuatro nuevos contratos entre Pemex y las empresas de la familia Mouriño –adicionales a los que dio a conocer el dirigente opositor el pasado 24 de febrero– para convocar a la conferencia de prensa en la que ofreció tales documentos a la opinión pública, siendo que ésta ya los conocía; por qué tardó tanto tiempo en “cumplir con un deber como funcionario público y como ciudadano” y por qué eludió el punto principal del señalamiento, que no se refiere sólo a los beneficios que obtuvo con los contratos mencionados sino a su doble carácter de funcionario del sector energético y empresario del ramo petrolero.

Lo dicho por el secretario de Gobernación no es, pues, sino una repetición de gestos mediáticos ya efectuados anteriormente, que no van a atenuar la crisis política en la que ha sumido al gobierno federal.

Más allá de lo que Mouriño haga o deje de hacer para defender su posición, que no puede ser mucho, la reacción de la PGR da cabal cuenta de lo que se configura, desde ahora, en tono y en contenido, como un mero trámite de exculpación a petición del interesado, es decir, como un acto de simulación. Independientemente del servilismo hacia el investigado en el tono del boletín de prensa emitido por la dependencia, ésta debió investigar de oficio los presuntos delitos cometidos por Mouriño, cuyos indicios fueron divulgados hace más de dos semanas. Otro tanto puede achacarse a la Secretaría de la Función Pública (SFP).

Difícilmente ambas dependencias podrían apartarse de lo dicho por el sujeto a investigación –que es postura oficial del gobierno–, según la cual la divulgación de los contratos Ivancar-Pemex fue un acto “mezquino”, “inmoral” y “doloso” y una maniobra para “que a México le vaya mal”. Además de que el emisor de ese discurso sea el superior jerárquico de los titulares de la PGR y de la SFP, estas dependencias acusan un severo desprestigio por la parcialidad con que han sido usadas por el Ejecutivo en la presente administración y en el sexenio anterior.

Empleada, la primera, para golpear a las oposiciones políticas y sociales, para exculpar a funcionarios y allegados del foxismo sospechosos de desviar fondos y de enriquecerse a costa del erario, y para fabricar culpables a fin de dar la impresión de que se hacía algo significativo en el combate al crimen organizado; rebajada, la segunda, a defensoría de panistas y a sepulturera de investigaciones contra sospechosos de daño al patrimonio público. Al respecto, destacan el desfalco a Pemex en el que presuntamente se encuentran involucrados los hijos de Marta Sahagún o el desvío de recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden) operado por Carmen Segura Rangel, actual diputada local por Acción Nacional.

Como lo declara la presidente del Congreso de la Unión, diputada Ruth Zavaleta, por ética y moral, por vergüenza agregaría, la única forma de dar credibilidad y transparencia a las pesquisas gubernamentales en torno a los negocios de Mouriño es que éste se retire del cargo, a fin de no contaminarlas con la sospecha o la certeza de parcialidad. Ésa sería la mejor contribución que podría hacer a sus correligionarios, a su jefe inmediato, a la transparencia en la administración pública, a una sociedad justificadamente escéptica y a las posibilidades, si es que aún le quedan esperanzas, de rescatar su carrera política.

Por su parte, el calderonismo no puede seguir actuando en este caso como si se tratara de un problema mediático y de relaciones públicas, cuando en realidad es una severa crisis política del segundo mando político del  gobierno de origen espurio. Tendría que empezar, pues, por desmentir al propio Mouriño, quien la describió como un mero empeño de los que “no quieren que México sea exitoso”, y por admitir que tal crisis existe.

Héctor Ramón González Cuellar es profesor e investigador del Instituto
Tecnológico de Tijuana.
Correo electrónico: hrgcuellar9@hotmail.com


Back to top menu

Spacer10x10
Freaner & Associates | Diseño gráfico, multimedia, fotografía e illustración
Spacer10x10
   
Spacer10x10
Spacer10x10
Spacer10x10
Spacer10x10 Spacer10x10 Spacer10x10
  Choix Editores      
© l Choix Editores , S. de R.L. de C.V. l Todos los derechos reservados
Back to top menu
 
Spacer10x10

© l Choix Editores , S. de R.L. de C.V. l Todos los derechos reservados | Diseño: Ariel Freaner, Freaner & Associates