Voluntarias de Cruz Roja
El Filósofo de Güémez | Ramón Durón Ruiz
En el bosque de Güémez vivían miles de animalitos. De repente éste empezó a incendiarse y todos los animalitos emprendieron la huida. Sólo un gorrioncito se quedó para ir al río, mojar sus alitas, volar sobre el área afectada y dejar caer unas cuantas gotitas de agua, tratando de apagar el incendio.
Nuevamente se dirige al río humedeciendo sus alitas, vuela sobre el bosque incendiado y una vez más deja caer dos o tres gotitas de agua, buscando con ello apagar el fuego.
Un elefante del circo que se encontraba en el pueblo le grita al gorrioncito: ¡No seas tonto! ¡Huye como todos! ¡No ves que te vas a quemar! El gorrioncito voltea y le dice: ¡No!, este bosque me ha dado todo: vida, familia, felicidad y hogar y le tengo tanta lealtad que no me importa que muera en el intento; pero voy a tratar de salvarlo.
Nuevamente vuela al río, moja sus alitas, revolotea sobre el bosque incendiado y deja caer una o dos gotitas de agua. Ante esta actitud Dios se compadecen de él y deja caer una fuerte tormenta, que apaga el incendio.
El bosque vuelve a tomar vida, reverdece, florece y todos los animales regresan, y con ellos, vuelve el canto, la vida y la felicidad.
Comparo este bosque de mi pueblo, con nuestro país, nos encontramos en un incendio, en una crisis de ausencia de acuerdos en la política, pero todos tenemos que volar hacia el río de la reconciliación y dejar caer una o dos gotitas de sudor, esfuerzo y de trabajo. ¡Si así lo hacemos!, México será más grande y nos lo agradecerá.
Esta historia, me hace reflexionar sobre la generosidad de las Damas Voluntarias de la Cruz Roja, que aportan su nombre, esfuerzo, tiempo y disposición para salir a las calles en búsqueda de la solidaridad de los mexicanos, para que la Cruz Roja continúe siendo una institución humanitaria que sirve a todos, sin distingo de posición económica, credo y raza.
Las Damas Voluntarias saben que la mayor crisis que nos puede impactar a los mexicanos, es ser insensibles al dolor ajeno; ellas encuentran en el servicio al prójimo, una oportunidad y un privilegio para emplear sus dones para ayudar a los demás, saben que el servicio es una función que identifica a aquellas que gozan de una armonía y una felicidad espiritual.
Con enorme satisfacción veo en el boteo de cada semáforo, en la Colecta Nacional que realiza la Cruz Roja, Damas Voluntarias que buscan los donativos para servir a quienes más lo necesitan.
Pero no sólo hacen lo anterior, realizan también una labor social en comunidades vulnerables, promueven jornadas médicas, cursos de capacitación en primeros auxilios, prevención de accidentes e higiene, visitan y apoyan a asilos de ancianos y orfanatos, así como la entrega de ayuda humanitaria en zonas vulnerables.
También apoyan en el acopio de insumos para distribuir en zonas afectadas en desastres naturales, promueven y motivan la donación de órganos, tejidos, apoyan las campañas de donación altruista de sangre y organizan eventos sociales y culturales.
Por eso en esta época en que se da la Cruzada Nacional de la Cruz Roja, en cada promotora voluntaria encuentro un gorrión que con su vuelo y su canto, busca apagar la ausencia de solidaridad y hacer reverdecer el bosque de la esperanza… que tanta falta nos hace.
Cierto día un grupo de jóvenes regiomontanos se dirigían a disfrutar de la semana santa en las paradisíacas playas de Tampico. Cerca de Güémez tuvieron un grave percance; un trailero llamó al 066 solicitándole atendiera a los jóvenes accidentados. Inmediatamente arribó una ambulancia de la Cruz Roja. Cuando los paramédicos subían a la camilla a un joven inconsciente, éste reaccionó, situación que motivó que los paramédicos le dijeran para calmarlo:
––No te preocupes, somos de la Cruz Roja.
––¡No la inguen caones, yo ya cooperé!
Ramón Durón Ruiz es Doctor en Derecho Constitucional, publica su columna “El Filósofo de Güémez” en más de 22 periódicos del país. Reside en Cd. Victoria, Tamaulipas.
Correo: filosofo2006@prodigy.net.mx
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