Capella aprovechó la marcha del Arzobispo Romo para lucir cargando el crucifijo
La cruz de la inseguridad
Promediadas, fueron tres mil personas las participantes en la peregrinación a favor de la paz y la vida, y en contra de la ola de violencia que no cesa en Tijuana. El Obispo Rafael Romo Muñoz encabezó la marcha que espera presionar para terminar con ejecuciones, asaltos, crímenes y pasividad en las autoridades. Los tijuanenses, ya no aguantan más golpes.
Enrique Mendoza Hernández
Por primera vez, una marcha del Arzobispo de Tijuana, Monseñor Rafael Romo Muñoz, tuvo una acogida considerable dentro de la población. Bueno… hasta Alberto Capella, el hoy secretario de Seguridad Pública, acudió en una suerte de ironía: A encomendarse a Dios para que la inseguridad en la ciudad disminuya, obligación que el ex activista tiene desde diciembre de 2007 cuando tomó posesión del cargo en el Ayuntamiento de Jorge Ramos Hernández.
Evidentemente el Secretario pensó que sería una buena “jugada” además de demostrar “congruencia” con su pasado inmediato como promotor de marchas para presionar a las autoridades a proveer la seguridad. Pero no. El efecto Capella no fue ése.
Nada más irónico que ver a un funcionario —sí, en su tiempo libre, pero en una marcha social— besarle la mano al Arzobispo. La Iglesia y el estado juntos por la simpleza y obra del Secretario de Seguridad de Tijuana.
El cinismo de Alberto Capella, contrastó con la desesperanza de los miles —promediaron unos tres mil— ciudadanos que acudieron al llamado del Arzobispo para manifestarse de manera pacífica, en oración y cantos frente a la intolerable inseguridad. Mucha violencia ha aquejado a los tijuanenses: 30 muertos en los primeros 14 días de marzo, 34 en enero y 41 ejecuciones en febrero.
Aparte, niños, madres, padres y familias enteras siendo testigos de balaceras en zonas residenciales. De comandos secuestradores, robos con violencia en restaurantes y cafés, robos de cajeros, de vehículos. La inseguridad en todo su esplendor. La violencia magnificada por los delincuentes que llevó a los ciudadanos a refugiarse en el llamado del Arzobispo Romo el domingo 9 de marzo.
Como si la única solución a estas alturas y con estas autoridades, fuese la oración.
Así está Tijuana. Así viven los tijuanenses. Entre el rezo y la constante de saberse inseguros, violentados. Vulnerados.
Alumnos y mentores de los colegios católicos unieron plegarias por la paz. Niños, adolescentes y jóvenes. A las nueve y media de una mañana soleada, en el preámbulo de la peregrinación iniciada en el demolido toreo de Tijuana, se escuchaba la internacional y universal canción del argentino León Gieco compuesta en 1978, muy ad hoc en días hostiles, al tiempo que peregrinos y mirones ponían atención:
Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
A las 9:50 los congregados emprendieron su recorrido. Guiados por el Arzobispo Rafael Romo Muñoz, en ese momento se unió a la peregrinación Alberto Capella. Previa reverencia hacia el purpurado, el Secretario dijo a ZETA:
“Yo estoy convencido de que es importante este tipo de expresiones, sobre todo el unir la espiritualidad de la gente en un mismo sentido para mí, como creyente, es la base de todo. No es fácil, si fuera fácil desde aquella marcha que nos aventamos la primera vez pues hubiéramos resuelto todo. Fue una marcha muy concurrida. Pero esto es de tenacidad, de persistencia, y pues lo que se escucha, lo que decía la Madre Teresa de Calcuta: ‘Es más peligroso el silencio de los inocentes que el ruido de los criminales’. Y eso es una manera en la que la gente buena puede expresarse, manifestarse, hacer ruido, y expresar su indignación, su hartazgo, su molestia ante este fenómeno y sobre todo demostrar que se está uniendo este sentimiento y éste desde de la sociedad”.
De las bocinas sobre el camión que dirigía la procesión pacífica emanaba nuevamente aquella letra pegajosa y pacifista:
Sólo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente, que no me abofeteen la otra mejilla después que una garra me arañó esta suerte.
Y así, sobre el Bulevar Agua Caliente, niños y jóvenes, mentores y padres de familia, agitaban enjundiosos sus pancartas: “Oremos juntos por un mundo sin violencia”, “La violencia genera violencia”, “No a la guerra”, “Oremos por la paz”, “A través de la oración obtendremos la paz y la vida”, “Queremos la paz, por favor no hagas la guerra en mi ciudad”, “Los niños queremos la paz”, “¡Ya basta!”.
Del pick up alegórico al frente de la caravana, un vocero advertía para la radio Monte María que dirigía en vivo el legendario “Padre Rayito”: “Somos el doble de otros años. Si antes éramos tres mil, ahora somos seis mil”, gritaba enérgico el portavoz.
Las plegarias no se hacían esperar. Tampoco las letanías propias de la Iglesia Católica. Entre padre nuestros y ave marías, los feligreses demostraban a la ciudad entera su reprobación apacible, al tiempo que una manta invitaba a reforzar las oraciones: “Campaña misionera para que acabe la violencia y los secuestros”. Nuevamente la “guerra”, así calificada por el Gobernador del Estado, José Guadalupe Osuna Millán, en días pasados, era contrarrestada por los cánticos:
Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.
En tanto, la caravana llamaba la atención a automovilistas y en centros comerciales. Ante un sol a plomo, los feligreses no se amilanaban. Si acaso los más vulnerables inventaban una tregua: Niños, adolescentes y mujeres aprovechaban las tiendas a lo largo del Bulevar Agua Caliente para conseguir refrescantes. Mientras tanto, el Señor Obispo platicaba con ZETA:
“Ojalá y que todo esto nos sensibilice cada vez más, para que nuestra ciudad llegue a un sentido de solidaridad, debemos de estar todos juntos por la vida y la paz”, pronunciaba animoso el prelado.
Pero a propósito de que era ya la octava “Marcha por la paz”, Romo Muñoz hacía énfasis en que sí se pueden conseguir resultados favorables involucrando a la ciudadanía: “Sí se pueden lograr resultados, cómo no. Por ejemplo, según los datos que nos dan, venimos cinco mil gentes (sic), casi el doble de lo que hemos venido en otros años. Eso ya es un signo de resultados”.
Y remataba para subrayar la importancia de la caravana que encabezaba:
“Por la calle hay gente que se une, esto es tener éxito, para concientizar (sic), motivar”, decía mientras lo rodeaba un séquito de religiosos que compartían su entusiasmo.
A ritmo de salsa, nuevamente se hacía escuchar la poesía cantada por artistas internacionales como Mercedes Sosa, Ana Belén, el trío danés Outlandish, entre otros cantantes y músicos a ritmo de jazz o rock, salsa o trova.
Sólo le pido a Dios que el engaño no me sea indiferente si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente.
Y por el rumbo de Las Palmas, alrededor de las 11:45, Capella decidió tomar parte del equipo que cargaba una enorme cruz de madera pintada de color blanco. Una de las féminas que hacían su penitencia cargando semejante peso, cedió su lugar al funcionario. Unos diez o quince metros nomás aguantó Capella. Nuevamente un grupo de comedidos decidieron continuar con la hazaña.
El Secretario de Seguridad Pública, advertiría la importancia de la marcha:
“Es tan importante como el hecho de que el día que toda la sociedad esté unida en este tipo de esfuerzos, ese día vamos a empezar a pensar o creer que ya esta nube de criminalidad, de maldad, que está en Tijuana empiece a disminuir”.
“Ni el gobierno solo, ni la sociedad sola vamos a poder con este flagelo tan lamentable, yo creo que se requiere la unión, todos queremos lo mismo, hay que ponernos de acuerdo en las formas, en el cómo, y yo estoy convencido de que esto puede ser totalmente diferente”, complementaría.
El hartazgo contra las ejecuciones y secuestros quedó de manifiesto ese día. Los cansados feligreses demostraron a la ciudad que efectivamente los tijuanenses están desahuciados, otros tantos los que han tenido que abandonar la ciudad, pero también hartos son los que están esperanzados en una sociedad libre de violencia, una Tijuana libre de narco ejecuciones; o como dice la canción que acompañó durante la caravana, una cultura diferente:
Sólo le pido a Dios que el futuro no me sea indiferente, desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente.
Y luego de 15 kilómetros de caminata sobre la avenida ícono de la ciudad, la meta asomaba. Era la entrada del Instituto México en que el Obispo Rafael Romo Muñoz agradecía en vivo a través de la radio.
“Yo estoy convencido que se pueden lograr no sólo resultados, sino se puede lograr sacudir conciencias, que es lo más importante, claro que se puede”, diría entusiasta Capella.
Por su parte, Romo Muñoz avisaba sobre las próximas marchas en años venideros:
“Dios quiera que estas marchas muy motivadoras continúen año tras año y mejorándose cada vez más”, dijo el prelado antes de dirigirse a celebrar la eucaristía en el Auditorio “Hno. Ignacio Martínez H. Don Nacho”, con la cual se dio por concluida la peregrinación por la paz y la vida. |