Villoro y los culpables
“Los Culpables” es el título que llegó a Tijuana de la mano de Juan Villoro. Editada por Almadía, la obra ganadora del premio "Antonin Artaud” relata siete historias de personajes que se desahogan tanto, que sucumben en el sentimiento de culpa.
Enrique Mendoza Hernández
En días recientes “Los Culpables” de Juan Villoro (Ciudad de México, 24 de septiembre de 1956) vieron la luz en tierras tijuanenses. El escritor vuelve a la carga con una serie de cuentos en los que se propone algunos retos literarios, a través de personajes y temas comunes.
Nacida en octubre de 2007, la obra pronto cruzó las fronteras para hacerse del V Premio de Narrativa “Antonin Artaud en México”.
Una celebridad de la canción ranchera, un futbolista en decadencia, un guionista que adquiere una máquina de escribir sin eñes y una iguana que se extravía en momentos críticos, son algunos de los seres que pululan por los nuevos andamios de Villoro.
Un total de seis cuentos y una novela corta admirables, donde los protagonistas hallados en el punto más álgido de su conflicto, ya sea que decidan perpetrar un asesinato, traicionar a un amigo o filmar un desnudo que podría arruinar su carrera, la pieza que remata es una trepidante nouvelle sobre los secuestros exprés que amenazan a los habitantes de la Ciudad de México.
“La concentración de humor y tensión en estas páginas es altísima”, prologan los editores de Almadía.
“Verdadera lección de escritura, ‘Los Culpables’ demuestra que Villoro está en la cima de su arte narrativo. Sus cuentos duran el mismo tiempo que una confesión vital dictada en unas cuantas palabras esenciales. Un libro que termina por leerse una y otra vez, siempre con mayor admiración”, invitan los editores.
Es probable que una lectura superflua conlleve a creer que se trata de personajes tradicionales y folclóricos, así lo sugeriría, por ejemplo, el protagónico que recae en un mariachi o un futbolista.
“En este libro me burlo un poco de quienes quieren encontrar lo típicamente mexicano”, confiesa el dramaturgo.
“Me trato de burlar de cómo muchas veces México es un país de estereotipos que no tienen nada que ver con la realidad que estamos viviendo”, agrega el necaxista.
Entonces, el hilo conductor en los relatos no es lo folclórico de sus personajes, más bien lo que tienen común: todos están narrados en primera persona, de ninguno de los protagonistas se conoce su nombre; los siete son personas que se desahogan, confiesan algo, pero en vez de liberarse de una historia, se delatan, se denuncian, se hacen culpables de algo. Sobre todo, son personas que no saben contar historias.
“Yo lo que quería es que ninguno de los personajes fuera escritor, si alguno tuviera vocación hubiera fracasado”, revela el ganador de premios como “Xavier Villaurrutia”, “Jorge Herralde” o el “Vásquez Montalbán”.
Y a pesar de todo, los personajes cuentan sendas historias, fluidas, o que “surgen como accidente”, diría su propio autor. Esto no quiere decir que Villoro se adjudique una sola forma de narrar; la voz propia de cada uno de los protagonistas es uno de los retos literarios del escritor.
“No es un reflejo real del habla, no es un libro de cuentos coloquiales, tal como se habla en México, sino simplemente de explorar posibilidades del habla; es decir, alguien podrá hablar así, que sonara natural, sin que nadie necesariamente hablara así en la calle”, revela Villoro.
– ¿Cuál es el reto literario que el escritor se propone en estos cuentos?, pregunta el reportero.
“Yo quiero que el lector entienda el cuento antes que el relator, es un desafío; que el lector se dé cuenta que la persona que está contando la historia, sin saberlo, ha sido traicionada por su inconsciente y nos está diciendo algo distinto a lo que él cree que nos está diciendo.
“Yo quería que el lector fuera más inteligente que el relator y entendiera la historia, es entonces un desafío distinto”, en comparación con obras como “El Disparo de Argón”, “Materia Dispuesta” o “El Testigo”.
“Para mí era muy importante que las historias no parecieran controladas por los narradores, sino al revés, pareciera que los narradores están siendo controlados por las historias”, argumenta.
Por lo pronto, Villoro se ha embolsado la nada despreciable suma de 80 mil pesos, ya que a principios de marzo se hizo acreedor al V Premio de Narrativa “Antonin Artaud en México”, mismo que incluye la traducción al francés de la obra y una escultura diseñada por los artistas plásticos Arturo Guerrero y Marisa Lara.
Cuentos: No comerciales
El cronista de obras como “Palmeras de la Brisa Rápida”, “Los Once de la Tribu”, “Safari Accidental” y “Dios es Redondo”, comenta a ZETA cómo considera ha evolucionado su obra, los retos que persigue ahora que se sabe un escritor consagrado; e incluso, comparte su opinión sobre el género en cuestión a diferencia de otros en el país: “Mis primeros cuentos que publiqué en 1980, en el libro ‘La Noche Navegable’, eran cuentos muy abiertos en donde yo era como un boxeador que subía al ring y no sabía muy bien cómo iba a ser mi estrategia; dependía de cual era el oponente, iba asumiendo una estrategia.
“En esos cuentos -continúa- me interesaba una situación, y de acuerdo a los desafíos de la situación, creaba una estrategia para narrar, dejaba un final muchas veces abierto. Hoy en día me interesa narrar de atrás para adelante, conocer muy bien el final, hacia dónde van las historias, y más bien inventar el principio que conduce a ese final. Son retos donde el sentido, la trama es mucho más importante, pero lo singular en este libro es la voz narrativa en primera persona y de ese deseo de espontaneidad”, confiesa el tallerista y discípulo de Augusto Monterroso.
Esto explica el hecho de que después de una larga o intensa trayectoria, algunos escritores, entre los que se incluye a Villoro, sucumben a los asuntos triviales antes que a temas y personajes extraordinarios.
– ¿Cuál considera sea el status literario del cuento, en comparación con otros géneros contemporáneos?
“Es un género que se cultiva menos porque las editoriales prefieren novelas, no tiene mucha salida comercial el cuento. Entonces, cuando un joven escritor escribe un libro de cuentos, va a una editorial fuerte, le dicen: ‘Regresa con una novela’. Realmente es un problema publicar cuentos, es muy difícil. Es un género que se está convirtiendo un poco como la poesía: es un género muy cultural, muy respetado, se cultiva muy bien, pero no tiene salida de mercado”.
– Tomando en cuenta el juicio anterior, ¿qué es lo que determina en Juan Villoro el género a escribir?
“Es una muy buena pregunta. No lo sé. A veces surge sobre la marcha. Tiene que ver en principio con los formatos y las dimensiones de los formatos. Yo pensaba, por ejemplo, que mi primera novela iba a ser un cuento, ‘El Disparo de Argón’, que se llamaba ‘La Vida de Suárez’.
“Me resultó claro que no podía mantenerlo en el formato condensado del cuento. Hay veces que un tema reclama el tratamiento de crónica, porque la realidad es tan fuerte que no tiene caso que se le agregue algo”, dice el también ganador del Premio “Herralde” de Novela en 2004 (Barcelona), por “El Testigo”.
Y adelanta sus próximos proyectos:
“Estoy planeando un libro que no sé si va a ser novela o crónica. Por el momento tengo que investigar y reportear mucho, después decidiré si es crónica o novela”.
Presidente Calderón: Solitario
El también periodista y colaborador de casas editoriales como Proceso, Cambio, Unomásuno, La Jornada, Vuelta y Nexos, trae consigo sus juicios respecto al acontecer nacional.
La política es lo suyo ahora que la administración federal sobrepasa su primer año al frente del país, y por ende no todo es luna de miel, como al principio del sexenio.
Específicamente, el ensayista comparte sus opiniones sobre el tema político de actualidad: los contratos de prestación de servicio de transporte que Petróleos Mexicanos (Pemex) convino con la empresa Transportes Especializados Ivancar, donde aparece la firma del hoy Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, en su calidad de apoderado general de la compañía en mención durante 2002 y 2003; años en los que el hasta hace un mes presidenciable, fungía como asesor del entonces Secretario de Energía, Felipe Calderón Hinojosa.
“Es muy grave, porque uno de los objetivos que ha señalado Calderón es una reforma energética, y no se puede hacer una reforma energética si el segundo hombre en importancia en el poder es una persona fuerte en intereses de hidrocarburos. Ahí hay claramente un conflicto de intereses; eso es en primer lugar. Y en segundo lugar, fue un nombramiento que revela lo aislado que está el Presidente, la vocación de aislamiento que tiene, el hecho que escoja a una persona por la confianza que le tiene, por la cercanía con él, y no por una trayectoria que avale que puede hacer ese trabajo”, refiere Villoro.
“Yo creo que es gravísimo que el Presidente esté en una actitud tan arrinconada. Ya cuando llegó a la Presidencia integró un gabinete que era poco plural, incluso en términos de lo que es el PAN. Después de una elección muy discutida, en vez de tratar de hacer vínculos más amplios fue muy sectario, y solamente puso a personas de su confianza que le habían dado votos en la campaña; eso ya era una muy mala señal, y el nombrar ahora a Juan Camilo Mouriño pues pone en evidencia la necesidad que él tiene de tener gente fiel en un sentido afectivo y sicológico con él, pero no de buscar cuadros que puedan resolver los problemas nacionales.
“Esto está poniendo en riesgo una política de negociación que tendría que ser más amplia y con muchos más puentes hacia más sectores de la sociedad”.
Y remata de una vez el intelectual:
“Eso le va a reventar”. |