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Tijuana en la Historia

Basado en los libros homónimos de la autoría de David Piñera y Gabriel Rivera, el evento a celebrarse en el Cecut incluirá exposiciones de ensayos monográficos, maquetas, trabajos literarios, dibujos, audio, video, páginas web y presentaciones artísticas alusivas a los orígenes de Tijuana, desde los siglos XVIII al XX.

Enrique Mendoza Hernández

Con el propósito de promover la cultura de la pertenencia histórica e identidad de la región, la cuarta versión de la Feria “Tijuana en la Historia” tendrá lugar en las instalaciones del Centro Cultural Tijuana (Cecut), bajo la organización rectora de Tijuana Renacimiento y más de una decena de instituciones gubernamentales y asociaciones civiles.

A llevarse a cabo del 10 al 13 de abril, en el suceso académico y artístico colaboran alumnos del tercer grado de secundaria del Sistema Educativo Estatal. Previa convocatoria y selección del comité organizador, las categorías de participación incluyen exposiciones de ensayos monográficos, maquetas, trabajos literarios, dibujos, audio, video, páginas web y presentaciones artísticas inspiradas en Tijuana y su historia.

Los temas de las categorías mencionadas hacen alusión a los orígenes y primeros habitantes de la región, época misional, los ranchos del Siglo XIX, surgimiento urbano del poblado de Tijuana, los acontecimientos de 1911, la Ley Seca, Perímetros Libres, Zona Libre, Cardenismo, Segunda Guerra Mundial y la Tijuana contemporánea.

Cabe recordar que estas temáticas están basadas en los títulos “Tijuana en la Historia. Del Escenario Natural a los Inicios del Siglo XX”, de la autoría del Doctor David Piñera; y “Tijuana en la Historia. De los Hechos de 1911 a la Segunda Guerra Mundial”, también de  Piñera, en coautoría con el Historiador Gabriel Rivera. Ambos títulos editados por Tijuana Renacimiento.

Para conocer más de cerca las temáticas que abordan a Tijuana y su historia, vale la pena adentrarse en las propuestas bibliográficas de ambos autores.

Del escenario natural a los inicios del Siglo XX

El primer turno de “Tijuana en la Historia” corresponde al ejercicio académico del Doctor en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), David Piñera.

Con los métodos propios de la investigación académica, Piñera se propone una edición donde emplea “una sólida metodología, acorde con el rigor académico. En esta virtud, hemos sustentado nuestros conceptos en un sentido analítico, en fuentes documentales pertinentes, ubicadas tanto en archivos locales, nacionales y extranjeros, así como en las fuentes bibliográficas idóneas”, presenta el autor.

Ciertamente la edición presume “un lenguaje que sea accesible no sólo al lector especializado, sino también a quienes asisten a las aulas escolares y al público en general”.

En cuanto al contenido, el volumen consta de cinco capítulos: El Escenario Natural; Pobladores Aborígenes y Etapa Misional; El Rancho de Tijuana en el México Independiente; El Surgimiento de la Población de Tijuana e Inicios del Siglo XX.

En el primer apartado, Escenario Natural, destacan datos básicos sobre esta ciudad, pocas veces sabidos de manera certera, como orografía, hidrografía, litoral e islas, clima, provincia biótica, así como el paisaje y capital natural.

Pero es en el segundo capítulo cuando la historia propiamente dicha se hace presente: Pobladores Aborígenes y Etapa Misional. En este renglón no escapan datos generales sobre los kumiai, y el Valle de Tijuana vinculado a la Alta California. En cuestiones toponímicas, Piñera rescata dos versiones sobre el origen del vocablo Tijuana:

En uno, el autor cita a Miguel Mathes, quien plantea que es muy probable provenga de una voz indígena que designaba una ranchería de nombre San Andrés Tiguana, existente allá por 1721. El investigador recurre a Dean T. Conklin, quien cita la ranchería Tía Juana, allá por 1809.

Después de las rancherías de la región durante el Siglo XVIII, el autor se centra en El Rancho de Tijuana en el México Independiente, desde las primeras décadas del Siglo XIX hasta la segunda parte de esa centuria. Obviamente, no pueden faltar registros aduaneros ni los famosos manantiales de Agua Caliente.

Las aguas termales fascinaban a los gringos de aquella época, motivo por el cual el rancho de Tijuana inicia su carrera como polo turístico:

“Para entender ese fenómeno hay que mencionar que, según las tendencias de la cultura médica norteamericana de ese tiempo, las aguas sulfurosas, como las del manantial del Rancho Tijuana, eran altamente curativas. Eso motivó que el sitio fuera visitado por norteamericanos cada vez con mayor frecuencia, a tal grado que los Argüello le rentaron el lugar a personas de esas nacionalidad que establecieron ahí un balneario, a fin de prestar servicios a residentes de California”.

El nombre del las aguas bondadosas y recreativas, pronto ganó su propia fama: “Tía Juana Hot Springs”.

Fotografías en blanco y negro dan fe de aquella pintoresca e incipiente Tijuana.

Un polo histórico básico a saber es la “fundación” de Tijuana. Se da como día oficial el 11 de julio de 1889. Sin embargo, ésta tiene su origen cuando el Ingeniero Ricardo Orozco dividió en dos partes el Rancho Tijuana.

En esa fecha, los interesados manifestaron su conformidad con las mediciones y avalúos del Ingeniero Orozco. Copias de los planos del “Pueblo Zaragoza”, citas, fotografías y explicaciones detalladas de aquellos intereses territoriales están contempladas en la edición del historiador. Vale la pena enterarse de cómo surgió oficialmente Tijuana, ahora que la ciudad cumplirá 119 años.

En el último capítulo, Inicios del Siglo XX, vale la pena echar un vistazo para enterarse de cómo se empezó a edificar el primer cuadro de la ciudad, hoy Zona Centro, teniendo como punto focal el Parque Teniente Guerrero.

En este pasaje puede leerse sobre la construcción de la famosa escuela “Miguel F. Martínez” en 1900, la iglesia de madera localizada en la esquina de la hoy Avenida Niños Héroes y Calle Segunda; para mayor referencia, justamente donde en la actualidad se erige la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe.

No pueden faltar los registros de la aduana, en la Avenida Olvera, donde se encuentra el Hotel Nelson. En aquellos años, la Avenida Olvera sentaba las bases para lo que hoy se conoce como la devaluada Avenida Revolución. En aquellos días, allá por 1910, dicha vialidad era el rostro turístico no sólo de Tijuana, sino de la región.

De 1911 a la Segunda Guerra Mundial

El segundo título, “Tijuana en la Historia. De los Sucesos de 1911 a la Segunda Guerra Mundial”, está escrito en coautoría entre el Doctor David Piñera y el Historiador Gabriel Rivera, hoy Coordinador del Archivo Histórico de Tijuana.

En este segundo tomo, la división temática consta también de cinco capítulos:

Los Sucesos de 1911; La Acción Gubernamental y Desarrollo Turístico; El Impacto de la Ley Seca y la Tijuana de los Tijuanenses; El Cardenismo en la Frontera y Efectos de la Segunda Guerra Mundial en Tijuana.

“Este segundo tomo se caracteriza por referirse a aspectos fundamentales de la historia de Tijuana, toda vez que se trata de acontecimientos o periodos que por su relevancia forman parte sustancial de la imagen histórica de la ciudad, es decir, de aquello que los tijuanenses identifican como aspectos clave de su pasado. Algunos inclusive son polémicos porque producen opiniones divergentes, lo cual es explicable en un conglomerado humano, como el de Tijuana, en pleno proceso de formación social. Otros presentan rasgos peculiares, a veces derivados de la ubicación fronteriza la ciudad, que le dan un especial atractivo”, advierten los autores.

La Tijuana de caballos y carruajes era la propia de la primera década del siglo decimonónico. La revolución en México a finales de 1910 era inminente. Aunque lejos del centro del país, se pudiera pensar que Tijuana no tuvo injerencia en los conflictos civiles, mejores conocidos como la Revolución Mexicana.

La obra de los autores da cuenta de las barricadas que formaron los defensores de Tijuana en la Aduana Fronteriza antes de la batalla de 1911. Vale la pena reproducir parte de los sucesos revolucionarios con los que Tijuana reclamó un capítulo en la afamada Revolución Mexicana:

“A pesar de que las autoridades de Estados Unidos, en acatamiento a la Ley de Neutralidad, impedían el paso a Baja California a quienes querían sumarse al movimiento, buen número de residentes de San Diego logró introducirse, en especial miembros de la IWW (Industrial Workers of the World) de diversas nacionalidades, de tal manera que un considerable número de los que participaban al lado de los mexicanos eran extranjeros. Entre ellos hubo algunos de convicciones revolucionarias, como Jack Mosby y otros simples aventureros, como Carl Rhy Price, que han sido calificados como filibusteros. Al considerar difícil tomar Ensenada, los rebeldes se dirigieron a la fronteriza población de Tijuana y durante los días 8 y 9 de mayo la atacaron, hasta que lograron tomarla”, narran los historiadores.

“En la batalla murieron varias autoridades y residentes en defensa de la población. Entre las primeras hay que mencionar al subprefecto político José María Larroque, al agente aduanal Pastor Ramos y al administrador del correo local, Francisco Cuevas. Al frente de ellos estuvo el subteniente Miguel Guerrero, quien resultó herido. Algunos de los vecinos que perdieron la vida en el enfrentamiento fueron Alfonso Padilla de la Torre, Clemente Angulo, Miguel Mendoza y Juan Osuna, más otros que han quedado en el anonimato. El poblado estuvo en manos del grupo armando durante poco más de un mes.

“Mientras tanto, el resto del país triunfaba la revolución encabezada por Francisco I. Madero. A consecuencia de los tratados de Ciudad Juárez, Porfirio Díaz renunció a la presidencia el 25 de mayo. A pesar de ello, los floresmagonistas decidieron continuar su lucha, pues consideraban que con tales tratados no se resolverían los problemas sociales del país”.

Así que el anterior fue el capítulo revolucionario que Tijuana apunta en la Historia de México.

El siguiente capítulo narra sobre la acción gubernamental y desarrollo turístico de la segunda década del Siglo XX, allá cuando el Coronel Esteban Cantú era Gobernador del Distrito Norte de la Baja California, específicamente entre 1915 y 1920.

No puede faltar la Feria de Tijuana, “Tijuana Fair”, localizada en la esquina de las calles Segunda y B, donde actualmente se erige el llamado Palacio de la Cultura. Tampoco se excluye la historia del primer hipódromo de Tijuana, ubicado a la altura del actual centro comercial Pueblo Amigo, justo cuando el calendario indicaba el año de 1916.

Obviamente, tampoco pueden faltar las historias sobre “El Puente México” (“La Marimba”), el tranvía San Diego-Tijuana.

Un capítulo que no hay que perderse es el referente a la Ley Seca. Aquel pasaje narra que en 1919, cuando el movimiento moralista de Estados Unidos llegó a su punto más álgido, se prohibía la producción y venta de bebidas alcohólicas en todo el país. Entrando en vigor en 1920, los bares y centros del “vicio” para la gringada se multiplicaron a lo largo y ancho de la frontera con México; obviamente la Avenida Revolución fue la receptora de los gringos que venían-vienen a hacer de las suyas, lo que en el “otro lado” estaba-está prohibido.

El Cardenismo en la Frontera y los Efectos de la Segunda Guerra Mundial en Tijuana son capítulos que no pueden excluirse. En cuanto al cardenismo, “se tomaron una serie de medidas que en distintos renglones transformarían positivamente a la ciudad de Tijuana”. Todos los pormenores de los 30s y 40s son narrados en la edición escolar.


El libro no puede concluir sin tomar como referencia la Tijuana que apenas emergía:

“De 21 mil 977 pobladores que tuvo en el censo de 1940, aumentaron a 65 mil 364 en el de 1950. Por su parte, el Territorio Norte de la Baja California, en el primer censo mencionado, registró 78 mil 907 habitantes, que llegaron a 226 mil 965 en el segundo.

“Es decir, tanto la población bajacaliforniana en su conjunto como la tijuanense crecieron por el orden del 300 por ciento. Con sus variantes, esa tónica de desarrollo ha continuado hasta el presente en varios rubros de la estructura social de la entidad y de Tijuana en particular”, concluyen los autores.

Por último, los anteriores capítulos son la pauta que los jóvenes de tercer grado de secundaria toma en cuenta para sus exposiciones en el marco de la Cuarta Feria Tijuana en la Historia, a celebrarse del 10 al 13 de abril en las instalaciones internas y exteriores del Cecut.


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