Tres libros sobre las maras
“De los Maras a los Zetas”, “La Verdad de la Mara Salvatrucha” y “Las Maras. Identidades Juveniles al Límite”, son tres títulos recientes que circulan en las librerías acerca del fenómeno marero, los Zetas y el crimen organizado.
Enrique Mendoza Hernández
“Grupo operativo ‘Los Zetas’ te quiere a ti, militar o ex militar. Te ofrecemos buen sueldo, comida y atenciones a tu familia. Ya no sufras maltratos y no sufras hambre. Nosotros no te damos de comer sopas Maruchan”, así reza un rótulo que pende de un puente peatonal en la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, según informó en días pasados la Procuraduría General de la República (PGR), misma que investiga la sospechosa y presunta narco publicidad.
“Los Zetas” son los matones del Cártel del Golfo. Día tras día protagonizan múltiples y cruentas balaceras a lo largo y ancho de la República. Los sicarios y sus fechorías han sido registrados en medios impresos y electrónicos.
Por ejemplo, “De los Maras a los Zetas” es el título con el que los periodistas Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo dan cuenta de los secretos a voces del narcotráfico. Balaceras, ejecuciones y secuestros inundan al país: alrededor de 2 mil 700 ejecuciones en 2007 y aproximadamente 900, uno más otro menos, hasta mediados de abril de 2008. Los autores parten de las preguntas-premisas:
¿Quiénes son los sicarios caídos? ¿Cuál es su perfil? ¿De dónde vienen y cómo llegaron?, son el punto de partida de las investigaciones plasmadas en el título.
Los autores no se andan con rodeos: documentan la tesis de la relación de las maras con algunos grupos delictivos como “Los Zetas”.
“Los jóvenes centroamericanos que han apostado convertirse en maras son innumerables y buscan no sólo dominar su entorno, sino llegar a donde nacieron esas organizaciones: a un Estados Unidos en el cual, mientras sus autoridades están obsesionadas con la guerra antiterrorista, no comprenden, no ven que al sur de su frontera (y dentro de su propio país) se está escenificando una guerra tan violenta, tan cruel como aquélla, pero que se ejecuta y se vive casi en sordina: son las guerras secretas de las que habla este libro. Las del narcotráfico, las del tráfico de gente, las de los grupos del crimen organizado que desde Colombia hasta Chicago tienen una capacidad de control cada vez mayor que va de las calles y selvas hasta las prisiones de alta seguridad; de los grupos de poder, de la economía, los cuales generan la violencia y la inseguridad…”.
Del surgimiento de las maras
Después de la bonanza en Estados Unidos al terminar la Segunda Guerra Mundial, los suburbios californianos de latinos empezaron a experimentar los problemas sociales como desintegración de sindicatos, despidos y reducción de programas sociales. A finales de los 60s y principios de los 70s, las pandillas juveniles nacieron como agrupaciones de ayuda mutua ante el desempleo, pobreza y marginación de los barrios en ciudades como Los Ángeles. Todo se conjugó en un caldo perfecto para que se agudizara el pandillerismo juvenil. Así surgió la pandilla “Barrio XV3” (18), identificada así por estar en el sector de Rampart en Los Ángeles. Mexicanos fueron los líderes de latinos y “negros”.
Pero dos fenómenos paralelos ocurrieron a finales de los 70s y principios de los 80s: la Guerra Civil salvadoreña que dejó aproximadamente 100 mil muertes. Alrededor de un millón de salvadoreños optaron por la migración hacia Estados Unidos. En contraparte a los mexicanos, los salvadoreños migrantes (donde se sumaban miembros de grupos paramilitares del Frente Nacional de Liberación de Farabundo Martí durante la Guerra Civil Salvadoreña) crearon la llamada Mara Salvatrucha (MS-13). En los 80s, las autoridades angelinas iniciaron la deportación de pandilleros a El Salvador, pero la semilla ya iba sembrada.
“La Mara Salvatrucha pasó de ser una pandilla juvenil a una organización amplia y compleja, que asume las características de una organización criminal que se ha denominado también como trasnacional, en virtud de que del Estado de California, de los Estados Unidos, país en el que se origina, ha pasado a otros países centroamericanos, como Salvador y Guatemala”.
Diversas organizaciones y fuentes oficiales han coincidido, unos más unos menos, que existen alrededor de 120 mil pandilleros delictivos, de los cuales se calcula 40 mil se encuentran en territorio salvadoreño, 20 mil en Estados Unidos y el resto en los países centroamericanos. De acuerdo con la Oficina en Washington para América Latina (WOLA, por sus siglas en inglés) y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), en el estudio “Pandillas Trasnacionales en Centroamérica, México y Estados Unidos” se da cuenta de que aproximadamente cinco mil integrantes de la “Mara” se localizan en 25 estados de la República, donde obviamente figura Baja California.
Además de “De los Maras a los Zetas”, de Fernández y Ronquillo, por lo menos otros dos títulos circulan en las librerías.
La verdad de la Mara Salvatrucha
Así se titula la obra de Benjamín Zamudio Hermida. Abunda sobre el surgimiento, organización, demarcación territorial y modus operandi de las pandillas delictivas conocidas como Mara Salvatrucha 13 (MS-13) y Barrio XV3 (18).
La edición tiene un valor importante:
“Esta investigación se hizo con pandilleros reales, no es que me lo platicaron o lo copié del internet o de otros libros. Existen varias versiones de muchas interpretaciones del significado de las cosas. Yo, para tener una veracidad de lo que estoy platicando, lo tuve que certificar personalmente”, dice el escritor a ZETA, a propósito de su edición bajo el sello Vikingo.
Se trata de una investigación de campo respecto a las actividades pandilleriles que el autor realizó mientras fungía en las direcciones de Seguridad Pública de los estados de Chiapas y Veracruz. Como funcionario público conoció de cerca los secretos de las pandillas delictivas conocidas como Mara Salvatrucha 13 (MS-13) y Barrio XV3 (18). Aparte de California, Estados Unidos, Tijuana, Guatemala y Honduras fueron los terrenos que Zamudio Hermida pisó para lograr una investigación que describe el surgimiento, organización, demarcación territorial y modo de operar de “la organización pandilleril más grande conocida hasta ahora”.
“’La Verdad de la Mara Salvatrucha’ nos permite adentrarnos en las entrañas de la organización, describiéndonos sus códigos, sus reglas, las formas de ingreso, su ideología y las formas en que han adaptado elementos de la religión católica para construir su identidad”, advierte en la edición el Antropólogo y Maestro en psicología y Desarrollo Comunitario por la Universidad Veracruzana, Alejandro Moreno Hernández.
Identidades juveniles al límite
“Las Maras. Identidades Juveniles al Límite” es el otro título de reciente presentación en el Centro Cultural Tijuana (Cecut). Coeditado por el Colegio de la Frontera Norte (Colef), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Centro Cultural Casa Juan Pablos, el libro es producto del coloquio homónimo llevado a cabo en la Ciudad de México los días 5, 6 y 7 de julio de 2005 en la UAM-Iztapalapa.
En la edición estrictamente documentada se incluyen investigaciones académicas del Doctor José Manuel Valenzuela Arce, con los títulos “Introducción. Cien Años de Choledad” y “La Mara es mi Familia”.
“Marginalidad Múltiple: un Marco Comparativo para Comprender a las Pandillas” es la propuesta de James Diego Vigil; “Las Maras Salvadoreñas: Nuevas Formas de Espanto y Control Social” y “Adscripciones Juveniles y Violencias Transnacionales: Cholos y Maras”, de Roxana Martel Trigueros y Alfredo Nateras Domínguez, respectivamente.
También participan Martín Iñiguez Ramos, Javier Navarro Briones, Carles Feixa Laura Porzio, Carolina Recio, Noemí Canelles, Mauro Cerbino, Carlos Mario Perea Restrepo y Rossana Reguillo con sus rigurosas averiguaciones.
El doctor investigador del Colef, José Manuel Valenzuela Arce, aporta sobre las maras:
“En el escenario posterior al 11 de septiembre, las maras se convirtieron en la amenaza cómoda requerida para hacer creíble un supuesto peligro que acecha desde la frontera mexicana (y centroamericana)”.
Agrega:
“Las pandillas son presentadas como la gran amenaza para la seguridad nacional pública; sin embargo, los estudios referidos al tema destacan una disminución de 73 por ciento en la violencia de pandillas estadounidenses de 1994 a 2003, de acuerdo con el reporte del Justice Police Institute “Ganging up on Communities? Putting Gang Crime in Context”.
Las maras hoy en día
Actualmente los maras se encuentran en todo el país. Lo mismo llegan de la frontera con Estados Unidos que de la guarnición acuosa con Guatemala:
“La persecución oficial y particular a la que han sido objeto los pandilleros en Centroamérica, concretamente en Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice, Costa Rica y Panamá, los obligó a migrar a territorio mexicano, donde han reproducido su organización en su afán de regresar a los Estados Unidos en los lugares de tránsito obligado.
Se establecen temporalmente, se da el caso que se asocien con delincuentes locales para cometer todo tipo de ilícitos”, reza la edición de Benjamín Zamudio. Actualmente, de la defensa de un territorio real o imaginario, las pandillas delictivas se han orientado al robo de vehículos, tráfico de armas, robo a mano armada, homicidios y colaboración en secuestros, además de ser reclutados como sicarios del narcotráfico.
Así lo han dejado plasmado Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo en “De los Maras a Los Zetas”, editado por Grijalbo.
“Lo más preocupante de este asunto es que muchos estados lo ignoran”, acusa el autor de “La Verdad de la Mara Salvatrucha”
En lo que respecta a Tijuana, 145 mil inmigrantes son deportados anualmente, entre los cuales es muy visible la gran cantidad de tatuados pandilleriles. De hecho, en 2006, la Dirección de Policía y Tránsito Municipal de Tijuana reveló a ZETA que los pandilleros recibidos son “imitadores de Mara Salvatrucha”. No obstante que en otros estados, de acuerdo con el ex funcionario del suroeste mexicano, Benjamín Zamudio, “cada día se puede ver que entran al territorio mexicano entre 40 y 60 mareros provenientes de la frontera sur de México”. Más grave resulta, aun cuando se sabe que los tatuados deportados de San Diego a Tijuana son detenidos 36 horas para después dejarlos en libertad.
Para combatir el pandillerismo, algunos países han implementado distintos operativos: En Estados Unidos se llamó C.R.A.S.H. Guatemala hizo lo propio con “Plan Escoba”; San Salvador lo tituló “Mano Dura”; Honduras implementó el “Plan Libertador”. Mientras Belice, Costa Rica y Panamá ejecutaron el “Plan Antimara”. El Estado de Chiapas se sumó y echó a andar el “Operativo Acero”. ¿Y Baja California? Son “imitadores de Mara Salvatrucha”.
Dos conclusiones vale la pena observar. Primero, en “Las Maras”, el Doctor José Manuel Valenzuela Arce aporta:
“No podemos aceptar que se equipare a los mareros o a los miembros de las pandillas y barrios juveniles pobres con el terrorismo, ni puede sostener que el peso fundamental del narcotráfico se encuentre vinculado con ellos. Tampoco resulta creíble que las maras sean el principal factor de la violencia social que estamos viviendo, o que representen una amenaza para la seguridad nacional de los países del Norte y Centroamérica”.
Y para finalizar, Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo concluyen y advierten sobre el objetivo de la narrativa que proponen:
“Contar esa historia que no se quiere oír, que no se quiere ver, que se quiere dejar en la trivialización de la información como espectáculo”. |