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PENI

Los agentes asesinados fueron “vendidos” por elementos corruptos de la Subprocuraduría.

Ejecutados venían por “El Teo”

Policías Federales adscritos a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, estaban en Tijuana para confirmar información proporcionada por un detenido el 23 de febrero en el Mariano Matamoros que los llevaría a la captura de lugartenientes del cártel Arellano Félix que aún sobreviven en la ciudad. Pero antes que eso, los torturaron, los asfixiaron y les dispararon.

Investigaciones ZETA

Los agentes de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) asesinados la madrugada del jueves 17 de abril de 2008, venían polr Teodoro Cargía Simental “El Teo”.

Manuel Alejandro Arellano Figueroa, Guillermo Cuauhtle Fernández y un tercero sin identificar hasta el cierre de edición, llegaron hace una semana a Tijuana. Su objetivo era confirmar información proporcionada por recientes detenidos en esta frontera, que llevaría a la detención de miembros de las células del cártel Arellano Félix (CAF) que aún sobreviven en la entidad.

En específico, se comentó extraoficialmente a ZETA, los agentes de la SIEDO vinieron a encadenar una serie de hechos para capturar a Teodoro García Simental “El Teo” y uno de sus sicarios, Luis Alfonso López Velarde “El Muletas”, entre otros alias.

La información la obtuvieron las autoridades federales luego de la detención de un grupo de 18 personas el 23 de febrero de 2008 en una colonia del Ejido Mariano Matamoros. Desde un principio, los detenidos, a quienes identificaron como encabezados por Luis Romero Fierro, fueron ligados a la célula delictiva de García Simental.

Incluso, a pesar de que 13 de los aprehendidos fueron liberados días después por no encontrarles elementos probatorios de su participación en el crimen organizado, dos de ellos fueron identificados como de mucha utilidad para el tráfico de droga y dinero en la frontera norte de México.

Uno de ellos, Juan Rafael Rodríguez Stringel, fue señalado extraoficialmente como el hombre número dos en la logística del tráfico dentro de la célula de “El Teo”; “Nada más él, maneja el 30 por ciento de todo lo que comercia”, dijo entonces una fuente oficial a este Semanario.
Las investigaciones posteriores determinaron que en efecto, Rodríguez Stringel era el principal narcomenudista de “El Teo” en Tecate y algunas zonas de Tijuana. Su cercanía al lugarteniente del CAF, lo hizo una persona atractiva para el gobierno federal. Aún cuando no se ha confirmado si logró un acuerdo de protección a cambio de información, se tiene conocimiento de que fue Stringel quien proporcionó datos al servicio de inteligencia de la SIEDO para dar con la captura de García Simental.

Con esos elementos, la semana anterior, los agentes de la SIEDO se trasladaron a Tijuana para confirmar la información y proceder a la captura. Antes de lograrlo, los asesinaron después de torturarlos.

Los otros detenidos aquel 23 de febrero junto a “Don Luis” y Stringel, fueron: Gilberto Torres Guzmán, Lamberto Félix Moreno, Gilberto Rodríguez Anaya, José Luis Romero Rodríguez, Rodrigo Navarro Fraijo, José Conrado Parra Higuera, Francisco Sepúlveda Gómez, Erasto Benítez Alpízar, Octavio Morgan Cruz, Francisco Manuel Benítez Hernández, Stalin Carranza Dowling, Carlos Alberto Guiusti Mariscal, Juan Alonso Gastélum Reyes, José Javier Fierro Rodríguez y Luis Ortiz Joaquín.
No se tiene conocimiento, porque las autoridades no lo han hecho público a pesar de las peticiones de información, quiénes fueron las trece personas que lograron su libertad.

Lo que sí quedó confirmado, fue la aún reclusión de Juan Rafael Rodríguez Stringel, y la información que éste proporcionó a la SIEDO para la investigación de los agentes que fueron ejecutados.

La traición en la SIEDO
Los agentes federales adscritos a la SIEDO, Arellano y Cuauhtle, llegaron en forma pomposa a Tijuana, Baja California. No guardaron el bajo perfil que normalmente se adopta cuando se trae una investigacióncomo la que ellos encabezaban: Encarcelar a un lugarteniente del CAF.

Se dejaron ver y lo peor, se supo el objetivo que traían. Normalmente, explicaron a ZETA, cuando agentes de la Ciudad de México llegan con este tipo de encargos a la ciudad, lo hacen camuflados entre tropas federales. Llegan en bola y después discretamente se separan para cumplir con su cometido.

Pero los adscritos a la SIEDO, en un esbozo de confianza, no se protegieron de los infiltrados en el edificio de la Procuraduría General de la República al que acudieron para pedir apoyo logístico como oficinas, vehículos, computadoras y otras herramientas para la investigación.

Fue evidente para los agentes federales de investigación e incluso para los propios policías federales preventivos, que los elementos de la SIEDO se encontraban en Tijuana y estaban realizando trabajo de inteligencia. Prácticamente lo presumieron. Ésa fue su perdición.

Elementos desleales dentro de la PGR, vendieron la información a las células del CAF que terminaron por secuestrar, torturar y luego asesinar a los federales.

Murieron por asfixia
Los encontraron en la madrugada, ya casi de día. Fue en un camino vecinal en las rancherías de Tecate. Dieron con ellos debido a una llamada de un vecino del lugar. Escuchó disparos y habló a la Policía.

Los tres cadáveres se encontraban maniatados, con evidentes signos de tortura, golpes en abdomen y tórax. Con la cara totalmente cubierta con cinta adhesiva para almacenaje, color gris.

Sobre uno de ellos y a un lado, tres armas. Eran las pistolas de cargo que les proporcionó la Procuraduría General de la República. Las tres, calibre 9mm marca Browning. También tiradas en el lugar, dos identificaciones que los acreditaban como Policías Federales Preventivos, pero adscritos a la SIEDO.

No dejaron una tercer credencial, pero sí el tercio de armas. Debido a este hecho, funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del Estado no pudieron dictaminar, hasta el cierre de edición de ZETA, la identidad del tercer muerto. Aun cuando presumen, por el arma, que también podría ser policía federal.

Los cuerpos golpeados y vestidos de los hombres fueron rematados con disparos. Se sabe por el estudio pericial, que al momento de recibir los impactos, los agentes ya estaban muertos. Los asfixiaron. Tenían la rigidez cadavérica de haber sido privados de la vida por lo menos entre ocho y diez horas antes de su hallazgo.

El mensaje, presumen las autoridades, fue de impunidad al masacrar los cadáveres. En el lugar encontraron 10 cartuchos percutidos calibre 7.62 x 39, correspondientes a un rifle AK-47.

ZETA se comunicó con el Subprocurador de Investigación Especializada de Delincuencia Organizada en México, Noé Ramírez, pero se negó a proporcionar mayor información. La investigación sobre la muerte de los agentes, la identidad del tercer ejecutado y la participación del informante u otros policías en el crimen, está siendo encabezada por la Procuraduría del Estado, aunque se espera que la PGR atraiga la investigación.


Emboscan a elemento de la PEP

Miguel Ángel Montes López, policía estatal preventivo (PEP), fue emboscado por un grupo de sicarios fuertemente armados. El agente, quien se dirigía a las instalaciones de la corporación, salvó la vida de milagro. Sucedió a las 22:10 horas del miércoles16 de abril en la calle Simón Bolívar de la colonia Los Venados, Delegación La Presa, a un costado de la Vía Rápida. Los sicarios dispararon en varias ocasiones contra el vehículo del funcionario. De acuerdo con la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), en el lugar fueron localizados al menos 80 casquillos percutidos calibre .223, de los que utilizan los rifles de asalto conocidos como R-15. El agente Montes, de 29 años de edad, se desempaña como operativo de la PEP en Tijuana y según sus compañeros, es una persona “muy trabajadora”.  En el transcurso del día 16, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado recibió llamadas que alertaban sobre supuestas balaceras entre policías y sicarios. Incluso  uno de los falsos reportes señaló que sobre la calle Simón Bolívar, en La Presa, a muy pocos metros de donde se produjo el ataque del Policía Estatal, se estaba desarrollando un enfrentamiento. Versiones extraoficiales indican que Montes López alcanzó a responder a la agresión, sin embargo la PGJE explicó en un comunicado, que  “tras los impactos de los que fue víctima, el agente estrelló su vehículo contra un camión de pasajeros”. A consecuencia de la balacera, Luis Alberto Sánchez Salazar, chofer de un camión de transporte público que transitaba por la zona, resultó lesionado y fue trasladado a la Cruz Roja, lo mismo que el agente Miguel Ángel Montes, quien recibió tres impactos de bala en glúteo, mano y tórax. Los atacantes del PEP viajaban en una camioneta Avalanche negra, de reciente modelo, que fue abandonada debajo del puente Simón Bolívar. Hasta el momento las autoridades ministeriales desconocen el paradero de los agresores. (Francisco Sandoval Alarcón)

 


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