 Dos líneas de investigación en atentado a policías: venganza o ajuste de cuentas.
Centenario: Entre policías y narcos
Además, las armas utilizadas para disparar contra el edificio de la Delegación Centenario fueron utilizadas en el intento de secuestro y asesinato del empresario Alfredo Cuentas en enero de 2006. La Procuraduría General de Justicia del Estado lleva las investigaciones que implican de igual forma a delincuentes como a elementos policíacos.
Investigaciones ZETA
Tres sicarios del Cártel de los hermanos Arellano Félix son investigados por el intento de homicidio de los jefes policiacos de la delegación Centenario, Jesús Alberto Hurtado Estrada y Raymundo Contreras el 12 de abril en el fraccionamiento Matamoros.
Actualmente sólo manejan los apodos: “El Jimy o 7-7”, “El Gil” y “El Cabezón”, todos ubicados en tercer y cuarto nivel en el organigrama del crimen organizado.
El principal sospechoso para la Procuraduría General de Justicia del Estado es “El Gil”. Este hombre, explicaron a ZETA, recibe órdenes del jefe de los sicarios, forma parte del equipo de Pedro Ignacio Zazueta “el Pit”, “A2” o “Clave Pedro”, quien a finales de noviembre de 2007, quedó a cargo del grupo dirigido por Merardo León Hinojosa, muerto al caer en helicóptero en la carrera Baja 1000.
En la Policía Municipal, las primeras indagatorias de la Secretaría de Seguridad Pública de Tijuana señalan a “El Cabezón”, a quién identifican como primo de Víctor Magno Escobar y por formar parte de actividades menores del grupo criminal encabezado por Saúl Montes de Oca Morlett, “El Ciego”, detenido el 15 de marzo de 2008.
Las investigaciones de los agentes locales advierten la presencia de “El Cabezón” en operativos criminales realizados por los sicarios José Filiberto Parra Ramos “La Perra” y Luis Alonso López Velarde “El Muletas”, ambos de la célula de Teodoro García Simental.
Sin embargo, agentes de inteligencia señalaron que el único de los sospechosos con poder e infraestructura para dirigir un ataque como el perpetrado contra Hurtado, es “El Jimmy” o “7-7“, identificado como jefe de sicarios de Ignacio Zazueta.
Conforme a la investigación, el móvil del atentado fue una venganza contra Jesús Alberto Hurtado Estrada, que podría tener una de dos vertientes:
1.- Lo atacaron porque no aceptó “dar la atención” de liberar a un narco-poquitero detenido la madrugada del 9 de abril. No se amedrentó cuando amenazaron su vida ni ante la posterior balacera sobre el edificio de la Delegación Centenario.
2.- Le “ajustaron cuentas” y trataron de asesinarlo porque no continuó “colaborando” con las células del crimen organizado. No respetó acuerdos anteriores.
Como respaldo de la primera hipótesis, están documentadas las amenazas de tres presuntos integrantes del CAF detenidos a las dos de la mañana del 9 de abril, a quienes relacionaron con el ataque a tiros a la delegación Centenario.
De acuerdo a la versión policiaca, alrededor de las dos de la mañana, dos policías detuvieron en la avenida Murúa a Max Emerson Barrón Mejía por una infracción. Aseguraron que el detenido hizo una llamada por Nextel solicitando apoyo. Dio su ubicación diciendo que “los mugrosos policías le querían quitar su carro”; por precaución lo llevaron a la delegación Centenario, hasta donde arribaron en distintos vehículos Alexander Paul Valdez y el policía municipal Jesús Alejandro Reséndiz Orozco, quien se dirigió al subjefe Raymundo Contreras advirtiéndole: “Estamos chambeando con la gente.
“Es una pendejada que atoren a nuestro compañero, toda la gente lo está buscando y al no obtener una respuesta la gente se molesta y avienta mucho veneno, así que me mandaron para que me lo entregues y al mismo tiempo traigas a los oficiales para que le ofrezcan una disculpa y todo se puede solucionar de este modo, de lo contrario los vamos a trozar a la ver… rafagueándoles la delegación”.
Contreras explicó que para ganar tiempo dijo que tenía “jefe arriba y tenía que pedir opinión a Hurtado”, a lo que Reséndiz agregó: “…háblale, porque ese cabrón es el que está más mal y nos lo vamos a chingar por unas notas que salieron en el ZETA”.
Después “alguien” cumpliría la amenaza de balear las instalaciones de la Delegación Centenario. El peritaje dictaminó la utilización de 12 armas de fuego distintas, 10 tipo fusil de funcionamiento semiautomático calibre 7.62 por 39, una tipo carabina semiautomática calibre 22 y una pistola semiautomática calibre 45. Además el estudio de los casquillos les permitió determinar que:
* Una de las armas largas fue utilizada en el intento de secuestro y homicidio del empresario Alfredo Cuentas, ocurrido el 13 de enero de 2006.
* Otra se usó en el homicidio del policía municipal de Rosarito, Guillermo Castro Corona, el 18 de diciembre de 2006, en el atentado contra el Secretario de Seguridad, Eduardo Montero.
* Tres armas fueron accionadas en el homicidio calificado contra el jefe policiaco Margarito Saldaña Rivera, su esposa y una de sus hijas el 15 de enero de 2008.
* Una más de las armas, se confirmó que fue usada en el asesinato del agente federal de investigaciones Andrés Pineda Pérez el 5 de abril.
Al final Emerson, Reséndiz y Valdez fueron consignados por “amenazas cumplidas”; la consignación indica que la autoridad estatal consideró con pruebas periciales y declaraciones que “los hechos estaban vinculados”.
Los aprehendidos aseguraron que no hubo amenazas. Emerson reconoció haber sido detenido en la delegación Centenario, pero puesto en libertad con una mordida de 20 dólares. Que todo se complicó cuando regresó por sus radios y celulares que los policías tenían en su poder. Le habló a su amigo policía Reséndiz y fueron a la delegación a pedir que se los regresaran.
Reséndiz dijo que como iba a salir de parranda con su amigo Valdez, se encontraron en la delegación para una vez resuelto el asunto, salir a divertirse. Que estaban reclamando los aparatos cuando los apresaron.
ZETA recibió información señalando que Emerson Barrón es primo de David Corona Barrón “El CH”, sicario asesinado accidentalmente en el atentado contra Jesús Blancornelas.
Otro dato: Ese día de los hechos, el agente Reséndiz faltó a sus labores como miembro del grupo Zona Segura en el centro de Tijuana, no así a recuperar los radios de su amigo. Además, los dos agentes que detuvieron a Emerson, informaron a sus jefes esa misma noche que se iban a ir de la ciudad. Desde ese 9 de abril no han sabido nada de ellos.
La segunda línea de investigación, el ajuste de cuentas, se está integrando en el expediente oficial. Por lo pronto el oficial Raymundo Contreras ha sido identificado como un agente de bajo perfil y prudente. No así Hurtado, a quien se le conoce por ser “arriesgado y entrarle a la bala sin miedo”. Incluso ha estado relacionado a dos jefes y un subjefe asesinados recientemente.
En el 2006, Hurtado trabajaba bajo las órdenes del jefe policiaco de la delegación Sánchez Taboada, Héctor Gaxiola. Incluso, policías comentaron que resultó muy extraño que el día del atentado a Gaxiola, el 9 de noviembre de 2006, Hurtado faltara a sus responsabilidades como su escolta que era. Para cubrirlo, se asignó al agente Víctor Acosta, quien fue muerto en el primer ataque de los mafiosos.
En un segundo ataque, Gaxiola fue asesinado la madrugada del día siguiente.
Posteriormente, a Hurtado lo ubican como persona de confianza del extinto jefe delegacional en Centenario, Jesús Alberto Rodríguez Meraz, quien apareció asesinado el 3 de enero en la periferia del municipio de Rosarito, su cuerpo estaba junto al del agente Saúl Ovalle Guerrero “El Soldado”, ambos torturados y asesinados. La investigación reveló que hubo otros agentes involucrados pero no se dieron a conocer los nombres.
Al final de cuentas, agentes municipales aseguraron que fue precisamente Hurtado quien mandó llamar a Francisco Javier Orozco de Anda el 20 de marzo de 2008, cuando fue asesinado en la entrada de la delegación Centenario, diez horas después de haber participado en la detención de dos ladrones de cajeros automáticos.
Los agentes informantes de ZETA advirtieron que Hurtado quedó “muy mal con la muerte de Orozco” y que el día del homicidio fue él quien impidió que un sicario que venía a bordo de un carro rematara al policía caído.
Con estos elementos, se investiga aún la balacera a la Delegación Centenario, y el atentado contra los agentes Hurtado y Contreras, en un mar de declaraciones, conjeturas y acciones que dentro del propio expediente oficial, podrían dejar no muy clara la relación entre policías al interior de la corporación tijuanense.
El atentado
Hurtado vio a sus atacantes
El 10 de abril, un día después que sicarios balacearon las instalaciones de la delegación Centenario, los agentes Jesús Hurtado y Raymundo Contreras recibieron instrucciones para arreglar lo indispensable y salir de Baja California con apoyo económico del Ayuntamiento.
El apoyo sería temporal “como se vayan dando las investigaciones”. Además la advertencia de mantenerse disponibles. Durante dos días, los policías asistieron al servicio y rindieron declaraciones ante la Procuraduría del Estado. El 12 de abril iban a dejar la ciudad. A las ocho de la noche, se dirigieron a la zona del Murúa a recoger algunas cosas; las maletas de Hurtado en su casa localizada en el Mariano Matamoros. Apenas habían pasado unos minutos cuando Hurtado alcanzó a ver que llegaban dos vehículos sospechosos. Identificó… o reconoció a los atacantes. Corrió a su casa para buscar un arma larga que la Secretaría le había puesto a disposición.
Los delincuentes empezaron a disparar desde los autos. Detrás de Hurtado, entraron al patio dos sicarios que fueron recibidos con tiros de R15, disparados por el policía que estaba herido de una pierna, y quedaron muertos en la escena del crimen. Otros dos matones que venían cubriendo a sus compañeros también fueron heridos, uno en el estómago y otro en la pierna. No se dieron cuenta quien aventó una granada al interior del inmueble, pero al final fue una bala lo que hizo estallar un tanque de gas provocando un incendio que consumió un brincolín instalado en la casa porque se desarrollaba una fiesta infantil, situación que no contuvo a los asesinos. El escolta y compañero de Hurtado no pudo disparar, ni siquiera iba armado. Fue herido en la cara por la esquirla de una bala y la mayoría de sus heridas se debieron a quemaduras provocadas por el incendio. En el lugar de los hechos quedaron 82 casquillos percutidos calibre 7.62 x 39, ocho casquillos percutidos .9 milímetros, 52 casquillos percutidos calibre.223 y ocho casquillos percutidos calibre .40.
Los dos sicarios muertos fueron identificados como José Antonio García Obeso, sin antecedentes delictivos y Adán Isabel Avendaño Sánchez, debido a que traían identificaciones consigo, en el caso del segundo atacante, la procuraduría informó posteriormente que se trataba de Jesús Óscar Avendaño Sauceda, quien había sido detenido en 2001 en Mexicali por el delito de tráfico de personas, sin embargo las imágenes en posesión de ZETA del pollero y del homicida no son coincidentes al 100 por ciento.
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