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Adela Navarro Bello

Sociedad

Esta semana que termina ha sido lamentablemente, como otras del año 2007, violenta a más no poder. Pero tres hechos marcaron el inicio y el clímax de la misma: Niños agredidos con balas, fuego y granadas, un médico secuestrado y tres federales ejecutados.

La sociedad tijuanense se dividió. Por un lado, más apoyados por la televisión, solicitaron  ayuda para el tratamiento médico de los menores que fueron alcanzados por la inseguridad en la casa de un policía municipal. Por otro, médicos colegiados, funcionarios de hospitales públicos y privados, burócratas de la salud y autoridades, levantaron un tímido basta ante el plagio del doctor y director de la Clínica 1 del Seguro Social.

A los niños ya los atienden en los Estados Unidos uno, y otros en México. El médico, el doctor Guzmán, fue liberado luego de que presume la Procuraduría General de Justicia de Baja California, que su familia y propietarios de la Clínica Guzmán, pagaron el rescate que solicitaron los secuestradores.

Sin embargo, detrás de estos hechos violentos hubo otros. Más hombres de negocios medianos secuestrados, uno muerto cuando lo asaltaban, mujeres robadas, ultrajadas. Robos colectivos en cafés, restaurantes y centros de diversión.

En el Gobierno del Estado pasaron de la inactividad a la declaración a la inactividad. El Gobernador José Guadalupe Osuna Millán se ausentó del estado a mediados de la semana. Ni la terrible escalada violenta lo regresó a la tierra que debe gobernar. El Procurador Rommel Moreno transitó de negar los secuestros a aceptarlos ante lo evidente. Jorge Ramos, el Alcalde, se reunió con los mandos medios de su policía municipal.

Pero ninguna de estas tres acciones le ha regresado a los tijuanenses la tranquilidad. La sociedad está cada vez más vulnerable ante los integrantes del crimen organizado. Y lamentablemente eso, no los ha unido.

Acá sólo se protesta cuando el delito los alcanza. No cuando se trata del vecino, mucho menos del conocido. Si no es en cuerpo propio no pasa nada. La vida sigue. En esta misma edición de ZETA, el líder de los empresarios en Mexicali dice que todo va bien. Ignora evidentemente lo que el sector que representa padece en el día a día asumiendo las pérdidas del negocio por secuestro, robo, asalto o por pagos de esquemas de seguridad. No saldrá a levantar su voz este hombre hasta que de manera desafortunada un evento violento lo toque de cerca.

En Tijuana, a los médicos que exigen mayor seguridad y protección por parte de las autoridades, no los secundaron otros profesionales. Los arquitectos se quedaron callados, igual los abogados, también los contadores y mucho menos los ingenieros. Esta sociedad no es solidaria.

Faltan liderazgos reales, capaces de mover sociedad y gobierno en beneficio de todos. No es posible que el hombre que representa a los ciudadanos en la lucha contra la inseguridad, le asegure al Gobernador que no habrá más marchas pacifistas para protestar por ello. Francamente a veces no se sabe de lado de quién están.

Desperdigados, cada quien en su mundo y ajenos a la realidad. Se alejan de la circunstancia que los rodea para concentrarse en el nicho inmediato, sin saber que son parte del todo. Cada uno con su actitud está colaborando al clima violento y de impunidad que se respira en el estado.

La inseguridad en Baja California, la terrible violencia que acaba con vidas, calma, bienestar y confianza, no terminará en tanto la sociedad no se asuma como tal y emplace a sus autoridades (que para eso las eligió) a cumplir en el otorgamiento de un territorio pacífico, seguro, privilegiado para el desarrollo social y económico.

Dividirse de acuerdo a un grado de afectación de la inseguridad es demostrar lo segregada que se encuentra la sociedad. Y no hay mejor caldo de cultivo para la criminalidad que ello.

A las autoridades hay que exigirles. Pero todos. Al mismo tiempo. Ya basta.


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