Pobre del pobre que al cielo no va….
Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández
…lo friegan aquí y lo friegan allá.
Frase atinadísima como todas las de la sabiduría popular; y es que, mire, leo en el diario que un grupo de residentes de una de tantos desarrollos creados con el “programa de vivienda” del actual régimen, se aposentaron en los patios del Palacio Municipal a reclamar airadamente el que les fueran clausurados los negocios que operaban en sus casas particulares dentro de los núcleos condominiales, construidos aprovechando las facilidades hipotecarias y el beneplácito de las diferentes instancias gubernamentales.
Usted ya sabe que, aunque muchos de mis años de actividad profesional han estado –y siguen–relacionados a este aspecto de la “vivienda”, de repente rezongo sobre lo que estamos haciendo.
Una de estas cosas que hemos hecho es desconocer lo que por naturaleza demanda el habitante de nuestras ciudades y que ha sido parte del ambiente de las colonias y barrios en que hemos habitado desde siempre. Me refiero a la necesidad de que, dentro de toda pequeña comunidad existirá –a querer o no por parte de los vecinos y/o autoridades– la pequeña tiendita que dará servicio a los vecinos de escasos recursos (aunque en las colonias de postín también tenemos nuestra tiendita “La Paz”) y que no pueden ir a los grandes almacenes a comprar en volumen.
Bueno, pues decía yo que hemos olvidado esta parte de nuestro diseño urbanístico y la gente nos lo hace recordar modificando sus viviendas para proporcionar este necesario servicio comunitario.
En todos, todos, los nuevos desarrollos de vivienda económica se ve que a los pocos meses empiezan a abrirse pequeños comercios que venden desde el “gansito” a los pequeños, hasta el kilo de azúcar o el garrafón de agua que se llena ahí mismo a precio inferior al del “garrafonero”. Pues sí, decía yo, en todos, todos los desarrollos.
Siendo justo debieran de clausurar todos, otra vez todos, los pequeños comercios que operan, claro, sin permisos ni “usos de suelo” autorizados. El problema es que son muchos, muchísimos, que hace pensar que física y administrativamente pudiera lograrse. Así, en muchos de los lugares la autoridad se hace como que no ve o, definitivamente, viéndolos, se hace “el muerto” y no ha hecho nada.
Las instituciones que otorgan el crédito también se han hecho “los muertos” pues, por una parte, ¿a poco rescindirían el crédito, sabiendo que es parte de los ingresos adicionales de esas familias con la que cumplen las obligaciones? Y por otra, ¿a qué horas verificarían la existencia de los pequeños negocios?
Desde el punto de vista administrativo de la ciudad, la autoridad tiene razón: debieran haber solicitado los permisos correspondientes para abrir cualquier negocio y seguramente lo hubieran negado pues, leyendo adecuadamente los reglamentos que rigen el condominio como generalmente fueron construidas estas viviendas verían que no es posible destinarlas a uso distinto al de habitación. Pero…
Pero, como dije arriba, ha sido difícil implementar la revisión y clausura.
Otra duda –sospechosismo puro– surge con la versión de que un hermano de alto funcionario municipal es propietario de un “centro comercial” en ese fraccionamiento. Bueno, pero él sí debe estar en la zona expresa para ello, con permiso de uso de suelo y todo.
Todo lo anterior está, para variar, causando fricción entre un sector de la población y las autoridades y la culpa no la tenemos más que quienes hemos intervenido tantos años en estos programas y no hemos logrado que, ni los financieros ni los diseñadores de los conjuntos ni los promotores ni, mucho menos, las autoridades tengan tiempo para pensar cómo sí quieren las gentes sus viviendas y no seguirlas diseñando con criterios financieros y hasta políticos.
La respuesta la está dando la población: en muchos de estos conjuntos, por las fricciones de convivencia aunadas a razones financieras, algunas casas muestran letreros de “se traspasa”.
Esto no es exactamente el mismo caso que el de las casas que se venden en las colonias llamadas residenciales en las que, argumentando inseguridad, los propietarios han decidido mudarse a otra parte; sin embargo, la inseguridad en todos los grandes desarrollos de vivienda es igualmente imperante y nada más hace falta ver una vivienda abandonada cómo de inmediato la vandalizan dejando difícilmente los muros –o quién sabe si después vayan por ellos.
Yo creo que el nuevo gobierno debe pensar nuevamente lo de los programas de vivienda.
Leo: Para construir la Presa El Cajón, en Nayarit (aunque, tuvo el Presidente Fox que rebautizarla Presa Rodríguez Alcaine) se requirieron 850 millones de dólares.
Trajo como ahorro al país, por producción de energía (1.5 veces el consumo anual del Estado de Nayarit), el equivalente a 2 millones de barriles de petróleo, igual a 2 millones de millones de pesos en beneficios. Su construcción y derrama creó 10 mil empleos. Además de asegurar riego y apertura de nuevos campos de cultivo.
Sigo leyendo: para resolver los problemas de infraestructura se requerirán 44 mil millones de dólares; para sostener los programas de vivienda (aproximadamente 700 mil) se requieren anualmente 20 mil millones de dólares.
¿A dónde cree Usted que debieran canalizarse los recursos?
Otro asunto que dejo para después es el de investigar de dónde están saliendo los 20 mil millones de dólares cada año, que desde hace varios, pedimos prestados los mexicanos para pagar nuestra casita.
Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B.C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx
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