El reposo
Antonio Meza Estrada
-Tal vez hace cien o ciento cincuenta años que están allí, y allí las reintegraremos-. Esa fue más o menos la expresión de Roberto Medellín, jefe del proceso de remodelación del emblemático edificio de la SEP, a principios de la década de los noventa.
La alusión fue a un cementerio encontrado en el fondo de las excavaciones realizadas para reforzar la estructura del edificio en la sección correspondiente a la calle de Brasil, donde ahora se localiza el Salón Hispanoamericano. En alguna época esa construcción fue un convento y la costumbre de entonces era sepultar allí mismo a las internas.
Los despojos de varias monjas fueron identificados por los restos de sus vestimentas, la posesión de objetos religiosos y la estructura ósea de ellas. Algunas piezas representativas se pueden observar en el museo de sitio que ex profeso se construyó y que se localiza a mano derecha de la entrada principal.
Así, durante el proceso de remodelación, se realizaron excavaciones de profundidad para reforzar o en su caso, crear cimentación que soportase las columnas de los diferentes edificios que en conjunto son la SEP de Argentina 28. Medellín personalmente supervisaba cada una de las fases de la obra, y periódicamente pasaba por mi oficina, en la Secretaría Particular a comentarme hallazgos, avances o simplemente, para compartir la información relevante del día.
Cuando me acerqué a las obras en esa zona del edificio, a donde me desplacé a invitación de Medellín, pude ver el cuidado con que los técnicos realizaban los procesos de cimentación en tanto que otros, especialistas en antropología removían aquellos restos que fuese necesario reacomodar en aéreas contiguas, a fin de que las cimentaciones no les afectasen. Era un trabajo con tal cuidado, con tanto respeto, que motivaba precisamente eso hacia los restauradores: respeto y admiración a su profesionalismo.
Mientras que en las entrañas del edificio se realizaban esos trabajos, en los muros centenarios se restauraban los frescos, en su gran mayoría de Roberto Montenegro. Fueron varios los años que de plano se cerraron áreas completas del edificio para cumplir a plenitud de tarea de reforzamiento y restauración. Un gran ejercicio de técnica, arte y voluntad por conservar los tesoros de nuestra cultura.
Y es que si bien el temblor de 1910 afectó seriamente el inmueble, la iniciativa de reconstrucción de Vasconcelos dio una joya a la cultura arquitectónica y pictórica de la etapa posrevolucionaria. El fue de la idea de destinar esa joya arquitectónica para sede de los esfuerzos educativos nacionales.
Sin embargo, las fuerzas de la tierra desde sus profundidades nuevamente se hicieron sentir en 85’ y por lo tanto, el conjunto de edificios requirió una minuciosa y costosa reconstrucción, misma que fue a cargo de un profesional y dedicado arquitecto, quien por cierto, ya no está entre nosotros: Roberto Medellín.
Sean estas líneas como un homenaje a él, y también, a quienes en otro tiempo habitaron ese edificio, como las monjas que allí reposan, esperando infinitamente el paso del tiempo.
Antonio Meza fue Cónsul de México en El Paso y Detroit.
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