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Adela Navarro Bello

Sortilegioz

Dinero rápido

Algo pasa en el Ayuntamiento de Tijuana. O por lo menos hay una necesidad apremiante de recursos económicos. Será el sereno, las precampañas, el cierre de bienio infame, los compromisos, el pago de facturas o que de plano no les alcanza para organizar a la base priísta… perdón, municipal.

Lo que sea, pero de unas semanas a la fecha, todo lo que tiene que ver con el Ayuntamiento es dinero, dinero, dinero. No dinero de recursos federales, tampoco el propio de la familia que hoy (y afortunadamente hasta el 17 de febrero) gobierna la ciudad, sino dinero que está saliendo, muchas veces a la fuerza, de los bolsillos de los ciudadanos.
Mientras los primeros meses de administración y pasadito el primer año todo se fue en regalar cositas, pan y hacer mucho circo y fiestas, la época de la bonanza terminó a finales de 2006, principios de 2007, cuando ya la necesidad ante una evidente mala, pésima administración, empezó a hacer estragos.

Acostumbrados a no informar de lo que sucede con el dinero de los tijuanenses, las autoridades municipales hacen y deshacen en las cuentas que deberían ser públicas pero se manejan en lo oscurito entre unos cuantos; ahora salen con cada sorpresa que ha dejado a muchos sin dinero en el bolsillo.

Primero, el Ayuntamiento “vendió” los puentes de la ciudad a amigos ventajosos y aprovechados del alcalde y el alcalde suplente. Les dieron de repente un ‘negocito’ en el que (se ve) no es mucha la inversión pero sí cuantiosa la ganancia. Disfrazados de ovejas, aparentan dar un “servicio” a la ciudad que está padeciendo una herida por la que sale mucho billete.
Recién entrado el año, las multas electrónicas. Estratosféricas sumas aparecieron en los ordenadores de los contribuyentes que curiosos verificaron primero sus adeudos antes del canje de placas para cumplir con la sanción por pasarse del límite de velocidad. De lo razonable, la cifra pasó a lo ridículo. 20 mil pesos por piocha de entradas a las vacías arcas municipales.

A pagar se ha dicho. El Ayuntamiento que empezó como dador, está terminando como ‘multón’ y además amenazante: Tienen que pagar porque el hombre dice que será gobernador y entonces cobrará cada peso que no haya sido reportado. Ninguneó. Son unos riquillos los que se quejan, en franco y peyorativo reconocimiento a aquellos que no podían creer el tamaño del adeudo. Eso sí, como buen quebrantador de la Ley, él posee única y exclusivamente vehículos con placas de los Estados Unidos.
Luego de la vacunada con las multas electrónicas, viene la de (y esto es increíble) privatizar las calles de Tijuana. Sí, ahora se acabó la vía pública. Quien desee estacionarse en cualquier banqueta de su ciudad, deberá pagar a una compañía que tiene concesionado el servicio de los parquímetros electrónicos, que no son otra cosa que una mafufada que algún funcionario de quinta vio en otro país y lo vislumbró como negocio en el propio.
Son unos adminículos que para empezar cuestan 200 pesos, más la recarga de tiempo banqueta que se quiera adquirir a razón de cinco pesos la hora, es casi, casi los 400 que cobran los estacionamientos compartidos en determinadas zonas de la ciudad. Pero, a ver, échele cuentas, 200 del aparato y luego cinco por hora, suponiendo que al día se estacione unas cuatro horas (la mitad de una jornada laboral) son 28 horas a la semana, por cinco pesos da 140 pesos a la semana, por las semanas del mes, 630, más los 200 iniciales, 830 pesos… ¿por cuántos ciudadanos le gustan?
Otra lana para el Ayuntamiento que no necesita lana (de boca hacia fuera evidentemente).
Así pues, en estos últimos meses entre venta de concesiones, multas electrónicas y parquímetros de tiempo banqueta recargable, se la ha cargado la mano al bolsillo de los ciudadanos tijuanenses, y bueno, algún precio tenían que tener las fiestas, pero no es para tanto.
Ahora resulta que entre todos, van a pagar el déficit con el que terminará el XVIII Ayuntamiento, y la doble contabilidad que señalan ciertos regidores y la capacitación de los funcionarios.
Finalmente, esta administración que se vendió como barata por poseer de antemano una fortuna, está saliendo bastante cara. Lo bueno, que ya se van. Lo malo, que dejan a un empleado.
Ufff.


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