Preocupa falta de ética en los constructores
Es un secreto a voces que las construcciones que se realizan en la ciudad no son severamente inspeccionadas por la autoridad municipal; incluso hay edificaciones que se llevan a cabo sin el permiso correspondiente.
Aunque en consecuencia, poco se habla de los efectos a los que estas situaciones pueden llevar.
Tal es el caso del Ingeniero Arnoldo Coronado Torres, quien durante el periodo de febrero a junio de 2006, se desempeñó como analista estructural en la oficina de Control Urbano Municipal en la delegación Playas de Tijuana.
Como parte de su residencia profesional, Coronado Torres tuvo la oportunidad de atestiguar las múltiples irregularidades en las que incurren constructores y gobierno.
“Mi función era la de revisar proyectos de construcción de cien metros cuadrados o más y verificar que cumplieran la norma estructural vigente, los puntos más relevantes para revisar las memorias de cálculo y los planos estructurales”, comentó a ZETA.
Para la realización de su trabajo de titulación, el profesionista integró una serie de datos estadísticos, cuyos resultados arrojaron que del total de las construcciones revisadas, sólo el 8 por ciento aplicaba la norma estructural. El resto registró cuestiones de fortalecimiento de estrcturas contra la eventualidad de un sismo entre sus faltas más comunes.
Por ejemplo, la construcción de columnas es una necesidad básica para cualquier edificación, cuya dimensión, según marca la norma, debe ser de 30 centímetros. Sin embargo, en la práctica son armados como castillos con formaciones de 20 y en ocasiones de 15 centímetros, con la obvia finalidad de economizar material, pero poniendo en riesgo la obra.
Pese a que la región es considerada como zona sísmica de alto riesgo y de que la Ley de Edificaciones del Estado dedica un capítulo de su contenido al diseño de construcciones bajo tal lineamiento, la realidad en esta ciudad es muy distinta.
“Durante años, por no decir décadas, se formaron estos grupos de constructores bajo la idea de que podían hacer lo que querían, de acuerdo a sus preferencias personales. Los que ya de alguna manera tenían conceptos de ética, siguen haciendo de manera correcta su trabajo. Los que eligieron no seguir el reglamento y nunca han sido amonestados por ello, pues lo siguen haciendo”, lamentó el ingeniero, quien en su estudio señala que a partir de su intervención en la revisión de los proyectos, fue mejorando la calidad de las construcciones, a tal grado que durante el último mes de la investigación, el 30 por ciento cumplía con lo establecido en la norma.
“La conclusión nos lleva a la afirmación de que esto es fácil de reparar, fácil de corregir; simplemente se necesita cambiar esa filosofía de no revisar nada, pues al momento de que se empezó a aplicar el reglamento, descubrimos que los constructores saben lo que tienen que hacer; que esto es un problema de ética, no de desconocimiento”, puntualizó.
Además de recibir su título profesional con la investigación, el Ingeniero Coronado Torres promueve esta información entre diversos sectores de la sociedad, con el objetivo de crear conciencia y obligar a las autoridades a hacer cumplir la legislación vigente. Tania Navarro Camacho
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