¿Con que quieres viajar legalmente, eh?
Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández
Si Usted ha pensado huir del país requerirá de un pasaporte y de inmediato le surgen cuando menos, las siguientes dudas: ¿para cuántos años lo solicito? ¿qué documentos necesito llevar? y ¿a quién demonios se le ocurrió ubicar a la Delegación en Tijuana, de la Secretaría de Relaciones, en ese lugar?
Mire, le informo, como debe ser empezando por la primera: Si tiene Usted la edad que yo tengo y su situación económica es como la generalidad de la de los mexicanos, ésta es la duda más importante porque ahora los precios varían desde 800 pesos a 1,630 pesos, con descuento del 50 por ciento para nosotros, los de la tercera edad, y los discapacitados. Según la última reforma que ha impuesto la Secretaría de Relaciones Exteriores, ahora se tramitarán por tres, seis y diez años.
Sobre los requisitos existe información suficiente, impresa y en el Internet; sin embargo, a la hora del determinar el número de fotografías, no está del todo claro, mire: si le pregunta a la fotógrafa que se ubica frente al consulado americano –que no es autoridad, pero es la que toma las fotos–, dice que dos. El Internet y mi hija Yoli, nos dijeron que tres. A la mera hora del trámite, a mi esposa Yoli –la grande–, en trámite similar al mío le pidieron solo una y la retrataron “in situ”. A mí me quitaron las tres, y no me retrataron; para no molestarme por mi avanzada edad, dijeron…
Y la tercera duda es la más difícil de resolver: ¿a quién, dígame Usted a quién se le pudo ocurrir colocar las oficinas en esa zona fronteriza?
El que acude en carro no dispone de un espacio de estacionamiento pues el único cercano fue donado a perpetuidad a esos “benefactores” de la ciudad que constituyen el gremio de los “taxis amarillos”. Y el magnífico sistema público de autobuses nos deja como a 10 kilómetros de distancia. Bueno, un poco menos. Así es que, con sol, lluvia o nieve, el sufrido solicitante del preciado documento tendrá que subir y bajar unos puentes eternos –por lo largos–, llegar frente a la delegación a “hacer cola” y esperar hasta que hayamos satisfecho la curiosidad oficial de una primera funcionaria quien informa: –Sólo entrarán los que traigan su recibo pagado. Tan tan…
Como la información que circula de boca en boca es que únicamente se tramitan un cierto número de solicitudes (fichas) por día, los aspirantes acudimos algunas horas antes de las ocho en que, eso sí muy puntualmente, la rubicunda funcionaria hace el aviso que les mencioné. Nosotros llegamos como a las siete de la mañana y ya había unos cien solicitantes y dos o tres “coyotes” ¿oficiales? –con credenciales colgadas al cuello con leyenda de “tramitadores” – quienes vendieron sus lugares a familias de apariencia claramente sureña o, más precisamente del “de efe”, que no quisieron desmañanarse y prefirieron pagar por un servicio por cierto totalmente inútil pues hicieron larga cola y al final del día por ahí andaban con cara de desesperación…
Por lo de la edad, la funcionaria de suéter rosa me indicó que yo, únicamente yo, podría pasar al frente para iniciar mi trámite en forma privilegiada; mi esposa tuvo que seguir el proceso como “cualquier hija de vecina…” A mi expediente le impusieron orgullosamente el número uno hasta que… hasta que descubrieron, con horror, que el pago ante el banco lo había hecho con la falta de uno de mis nombres: ¡grave error! pues, en lugar del Matamoros Raúl que dice mi acta, lo hice únicamente como Raúl. ¡Gravísimo! –El sistema no lo recibe, me informó con un gesto el receptor de documentos. –Tiene que efectuar un nuevo pago, traérmelo y que coincida con el resto de la documentación.
Esta contrariedad motivó mi indignación solicitando entrevistarme con alguna persona de rango superior y me llevaron con la Sub Delegada.
¿Ha entrado Usted alguna vez a la jaula de los leones en un circo? ¿Con el león adentro? Bueno, pues haga de cuenta…
La señora, robusta, rubia, a medio peinar, con un cafecito entre las manos, con chaleco café aborregado reversible, pantalones verdes y con una computadora sobre el escritorio me dijo: ¿No cumple con las normas, verdad? Por eso me viene a ver…
Ante tal actitud, debí abandonar su oficina pues al tratar de entrar en diálogo con una pared perdí miserablemente el tiempo: no quería, o no podía, entender nada. Salí a buscar un banco…
Para cuando volví con el pago, después de encontrar quién por Internet lo efectuara, y regresé integrando el expediente ahora sí en forma correcta, eran apenas las 10 con treinta minutos.
¿Quiere saber a qué hora salió el de la “tercera edad” a quien “no querían molestar”? ¡A las dos y cuarto de la tarde! Seis horas después de iniciar mi trámite etiquetado con el #1. Y eso que soy “privilegiado”. Yoli lo recibió una hora antes…
Lo bueno fue que durante el tiempo transcurrido pude observar varias cosas.
A don Benito Juárez, que los del gobierno, desde Fox, no saben qué hacer con él, lo tienen en el “nicho” de los extinguidores; junto al del letrero que dice “Tijuana”.
Leí que “La SRE ha puesto a la disposición… el 01 800 159 7777” línea gratuita. Ah, ta’ güeno…No sé para qué ponen el anuncio pues dice que, en Tijuana, aún no está disponible
Existe, efectivamente, una ventanilla con el letrero: “Ventanilla exclusiva para –decía– Madres con hijos así tapado; discapacitados y tercera edad”. Lo de haber eliminado a las madres con hijos puede tener dos razones, a saber: o porque –Usted lo sabe– todas las madres llevan siempre a cuatro hijos, por lo menos y/o que el gobierno quiere imponernos un “control de la natalidad” en forma subliminal…
Y que la Sub Delegada es adicta al café: salió tres veces y regresaba con el clásico vaso de D’Volada. Para que no la vean tomárselo, los vidrios de su oficina están recubiertos de papel. A eso se le llama “transparencia”.
Otra cosa notable es la necesidad de revivir, en nuestro deteriorado sistema educativo, la práctica de la lectura en voz alta. Mire, a la hora de entregar los pasaportes noté que ningun@ de los funcionari@s sabe leer. A una joven la nombraron “lagOrda”, en lugar de LagArda, que era su verdadero apellido. No, si le digo…
Mire, mientras nuestro Presidente Calderón se esforzó en su reciente gira a EE.UU. para lograr que huyamos legalmente del país, los de los pasaportes hacen hasta lo indecible para que no lo logremos. Como quien dice “fuego amigo…”
Ahora que, como ingeniero que soy, vuelvo a lo del edificio, pregunto: ¿sirven para algo los “tensores” de la estructura que soporta la fachada de cristal? En su mayoría están sueltos y/o fuera de su lugar. Después no se quejen si pasa algo…No estaría de más que algún ingeniero “de a de veras” los revise… Y, ¿a quién se le ocurrió forrar el exterior de aluminio que ya está desapareciendo a manos de “narco recicladores”?
Nota: Cuando lea esto andaré por Praga. Sí, en Praga, Checoslovaquia. Luego le cuento…para esto era lo del pasaporte.
El Ingeniero Civil Raúl Paredes y Hernández, reside en Tijuana, B.C. Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx
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