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¿Qué pasó con ese respeto?...

De Trez en Trez | Óscar Hernández Espinoza

Uno.- ¡Ya no hay respeto! Así, sencillo y directo me lo dijeron. Fíjate bien, muy pocos respetan a los demás, solamente se piensa en uno mismo y no en los otros, esos otros son todos los que nos rodean y si ellos a su vez actúan igual, se forma una cadena que echa a perder la convivencia entre las personas.

Eso es lo que está pasando, en casa, en la escuela, en el trabajo, en los gobiernos, en las iglesias, en los sindicatos, en los partidos políticos, en fin, casi en todos lados.

Observa –me insistieron– hasta en los aspectos más sencillos es evidente la falta de respeto; los conductores particulares o de transporte público, más que conducir un vehículo parece que compiten para ver quién gana a quién, quién pasa primero, no respetan los señalamientos de tránsito, se pasan la luz roja, se estacionan en doble fila aunque a pocos metros haya espacio libre, se “agandallan” el espacio para estacionarse en los centros comerciales, no se diga los espacios que requieren permiso especial, se mientan la madre, se pelean de carro a carro, se retan. Conducir es enfrentarse a la consigna de “primero yo, luego yo y siempre yo”. No hay respeto, ni para los otros automovilistas ni para los peatones.

Lo mismo sucede en la familia, cada día se pierde el respeto que deberían tenerse quienes viven bajo un mismo techo, se pelea en lugar de dialogar y lograr acuerdos, se gritan en vez de hablar, los padres no respetan a los hijos y éstos no respetan a sus padres y los mismos padres no se respetan entre sí y luego vienen las consecuencias…

Y, ¿qué me dices de las autoridades? Cuestioné a mi interlocutor y contestó: Antes los gobernantes, los legisladores, los policías, los militares, los maestros, los sacerdotes y toda figura que representara una autoridad era respetada por sí, unos y otros con su actuar –mentiras, engaños, corrupción, indolencia– han ido perdiendo el respeto que se les tenía y el círculo se sigue cerrando para repetirse.

Mucho de lo que padecemos actualmente como sociedad deriva precisamente de la ausencia de respeto hacia las personas como seres humanos que somos y, por lo tanto, dignos de respeto y de respetar a los demás.

Por eso es importante el respetarse a uno mismo, nadie da lo que no tiene –dicen– y en verdad, muchos piensan que el respeto es vital para la vida en sociedad, es una habilidad esencial para vivir la vida de manera satisfactoria.

Así que, ¡vámonos respetando!

Doz.- Flota en el aire, se respira en el ambiente, se desliza por las calles de la ciudad, esquiva los baches y recorre lo mismo los bulevares céntricos que las callejuelas  solitarias de las colonias populares.

No importa si es de día o de noche, si amanece apenas o si está cayendo el sol para dar paso a la obscura noche. Ahí está.

Son muchos los que lo sienten, otros lo comentan y otros tantos no dicen nada, se quedan callados pero al mismo tiempo, elevan los cercos de sus casas, desconfían de sus vecinos, instalan cámaras de video, contratan servicios de alarmas para sus hogares o sus comercios y los que pueden, mejor se van de aquí, ya voluntariamente o bien, forzados por las circunstancias.

Aunque muchos se empeñen en negarlo, el temor, el miedo está presente sin importar las cifras o las promesas de quienes deben brindar seguridad a la ciudadanía. Ahí está…

Trez.- Martes 19 de febrero, poco después del mediodía, en el café La Especial del bulevar Salinas el subdirector de la Policía Municipal, Manuel Nieves Reta, termina de comer en compañía de tres elementos de la misma corporación, dos mujeres y un hombre.

Al salir, las mujeres policías lucen colgadas de sus hombros tremendas armas largas que provocan primero sorpresa y luego temor disimulado entre los pocos comensales que a esa hora ocupan tres o cuatro mesas del establecimiento a la vez que se escuchan comentarios negativos por la presencia de oficiales armados en el lugar.

No es la primera vez que sucede algo parecido, he sido testigo de cómo algunas personas prefieren no entrar a su restaurante favorito si se dan cuenta que hay un grupo de policías de cualquier corporación o si ven estacionados sus vehículos en las afueras del lugar. Se dan media vuelta y van en busca de otro sitio donde comer tranquilos.

En lugar de sentirnos seguros con la presencia policíaca, sucede todo lo contrario. Así están las cosas.

P.D.- ¿Por qué el encargado de Seguridad Pública Municipal, Alberto Capella, está más calladito que al principio de su gestión?

Óscar Hernández Espinoza es egresado de la Facultad de Derecho por UABC, y es profesor de Cultura de la Legalidad y de Formación Cívica y Ética en Tijuana.
Correo: profeohe@hotmail.com


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