Viva la irregularidad
Jesús Alberto Sandoval Franco
Nuestro País no debe seguir siendo el paraíso de las irregularidades, donde quienes deciden vivir apartados de la ley lo puedan hacer gozando de total impunidad.
Además de que las conductas ilegales o violadoras de normas administrativas causan daños económicos y resquebrajan el estado de derecho, ocasionan descrédito gubernamental y mala fama para la nación entera, a tal grado que en no pocas ocasiones la imagen de México en el extranjero se identifica con la corrupción y el desorden.
A muchos norteamericanos se les ha inculcado la idea de que pueden venir a nuestro país a hacer lo que les venga en gana y que todo lo que necesitan es traer unos cuantos billetes verdes para utilizarlos como patente de corso según el tamaño de la infracción y cualquier automovilista sabe que existe siempre la posibilidad de que si es detenido por la policía la situación se solucione por la vía de la tristemente célebre “mordida”.
Aquí, si alguien así lo quiere, se estaciona donde le venga en gana, circula por carriles exclusivos para estacionarse o simplemente que no son para el paso de vehículos; no hacen altos, parece que sufren de daltonismo puesto que ignoran las luces rojas de los semáforos, tiran la basura donde y cuando quieren. Cualquiera hace su escandalosa fiesta el día y a la hora que les venga en gana sin la menor consideración hacia el vecino, resultando inútil llamar a la policía que no acude a parar esos desmanes, dejan callejear a sus perros ensuciando calles, áreas verdes y banquetas y poniendo en peligro a los peatones.
Los ciudadanos de bien que deciden vivir dentro del margen de la ley, ven con impotencia y coraje cómo el que no debe se impone prepotentemente a su paso y como curiosa coincidencia al volante de un vehículo que por supuesto no trae seguro de responsabilidad civil ni está afinado y en muchos de los casos no fue legalmente importado al país y quizá tiene reporte de robo aquí o lejos y aunado a lo anterior, porta los supuestamente prohibidos vidrios polarizados que no permiten ver al impune que lo conduce ni a sus acompañantes voluntarios o en calidad de privados de su libertad por levantón o secuestro.
Los comerciantes que pagan impuestos, renta y todo tipo de cargas fiscales y gastos directos, ven cómo al frente de sus establecimientos o en las calles se les hace competencia desleal con productos que no cuentan con marcas ni garantías ni marbetes.
Por todo lo anterior, es indispensable que el gobierno y los funcionarios cumplan con sus obligaciones para que no sólo tengan autoridad legal sino también estén validados y reconocidos por una sociedad harta de la impunidad y que en su momento también deberá de cumplir con lo que le corresponda.
Todo es cuestión de no permitir que viva la irregularidad.
El Licenciado Jesús Alberto Sandoval Franco es Director de ALAS, S.C. y Coordinador del Comité de Organismos de la Sociedad Civil Promotores de Cultura de Legalidad.
Correo: as@alasweb.com www.alasweb.com
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