Homicidas seriales
Lic. y Mtro. Benigno Licea González
“Los animales feroces nunca matan por placer. Únicamente, al hombre le divierte la tortura y la muerte de sus semejantes”.- James Anthony Froude.
Es probable que dentro de la criminología un tema que apasiona profundamente sea el relativo al estudio de los homicidas seriales.
Básicamente podrían clasificarse de manera genérica en organizados que corresponde de forma aproximada al 66 % y que esencialmente son psicópatas perversos y por otra parte los homicidas desorganizados cuyo promedio es del 33 % y que corresponden a individuos sicóticos.
Por lo que hace a los homicidas organizados, el 85 % de manera genérica corresponden a varones cuya edad fluctúa entre los 25 a 45 años de edad; poseen coeficiente intelectual elevado; educación laxa; generalmente son primogénitos; tiene una buena inserción (máscara social) y una vida sexual muy aparentemente común, esto es, con una pareja; sufren de frustraciones previas al acto u homicidio; son propietarios de vehículos de motor en buen estado; absolutamente todos sus homicidios se encuentran perfectamente planificados, reposados y analizados sus conceptos y circunstancias y su víctima por lo general es desconocida, pero ha tenido que ser elegida previamente por el psicópata.
Previo al homicidio, suelen efectuar un diálogo con su víctima (personalización), y son obsesivos y meticulosos en el control de los actos o eventos, por ejemplo, borran las huellas dactilares, hay planificación respecto de cómo será tratada la víctima desde aspectos de el cómo sujetarla y las torturas de que será objeto antes del homicidio mediante actos de sadismo sexual, sumisión; son sumamente cuidadosos en el desarrollo del evento, lo cual se evidencia mediante el acopio de lo necesario para el homicidio, ocultamiento o formas de desaparición del cadáver y tiene consigo mismo una competencia, esto es, mejorar paulatinamente sus modus operandi, hasta lograr lo que ellos consideran como la eficiencia total y llegado a este estatus introducen sistemas de ritualización.
Francia tuvo al célebre Henry Désiree Landru, quien privó de la vida a varias viudas después de la post-guerra, lo que consideraba como un modus operandi.
Generalmente, insertaba anuncios en el periódico para conocer a mujeres que estuvieran en estado de viudez bajo el argumento de buscar compañía y estrechar lazos de amistad; después de cortejarlas algún tiempo verificaba que no tuvieran familiares cercanos o personas muy allegadas a las viudas que pudieran reclamar o extrañar su ausencia, y entonces, después de la precitada “labor de encantamiento”, las convencía de poner todos lo bienes a su nombre. Las invitaba a visitar su encantadora y tranquila casa de campo; para ir a visitarla normalmente compraba dos boletos de ida y sólo uno de regreso y había logrado instalar un horno crematorio con el cual, después de privar de la vida a sus víctimas, se deshacía de los cadáveres sin dejar materialmente rastro alguno.
Al paso del tiempo hubo algunos errores por él cometidos al haber permitido en dos ocasiones ser presentado por sus víctimas a terceras personas, de lo que generalmente era sumamente meticuloso que no ocurriera, no obstante se proporcionaron sus datos a la policía hasta que finalmente fue descubierto.
Landru no se considera uno de los homicidas seriales contemporáneos, caso que es contrario al del célebre Jack “el destripador”, quien a diferencia de Landru, cuyas víctimas como lo mencionamos eran las mujeres viudas y adineradas, éste se concentró exclusivamente en las prostitutas.
Con certeza, no se sabe quién era ese personaje; se cree que se encontraba protegido quizá por tratarse de un miembro muy distinguido de la sociedad, o bien, un médico o abogado prestigioso. Se cuenta que era sumamente atractivo para las mujeres y sus homicidios los efectuaba de manera sádica, esto es, con brutal ferocidad, ya que generalmente descuartizaba a sus víctimas, les extraía el estómago y los intestinos, y les cercenaba los senos, evidenciándose cortes muy precisos y con una evidencia por la técnica utilizada en los cortes que siempre hizo considerar a los investigadores que el homicida evidentemente tenía conocimientos de médico y esencialmente de cirujano.
Los homicidas seriales pueden ser físicamente atractivos, pueden tener cierta personalidad o formas de educación y de conversación que inspiran confianza a sus víctimas, aunque desde luego los hubo quienes no eran nada atractivos como Chikatilo o Togo, el payaso.
¿Qué ocurre en el cerebro de esos homicidas seriales? ¿Por qué les gusta torturar, ejecutar actos de brutal ferocidad, violar o matar con un grado increíble de sadismo?
Gran parte de ellos ha padecido de violencia intrafamiliar y otros más de desintegración familiar o ambos problemas a la vez. Lo único científicamente comprobable es el daño que algunos tienen en la amígdala cerebral o en el sistema límbico.
Tiene importancia los comentarios de los biólogos y los psicólogos que desde hace ya varios años analizan el comportamiento de los homicidas seriales. Los criminales de este tipo son considerados como depredadores: toman como simples presas a las víctimas, los organizados, “gozan” desde que planean los homicidios tal y como lo mencionamos al inicio de esta colaboración en el mapeo cerebral que revela las anormalidades graves que padecen.
El Licenciado Benigno Licea González fue Presidente del Colegio de Medicina Legal y Ciencias Forenses Tijuana, A.C., y posee el grado académico de Maestro en Ciencias Jurídico Penales.
email: liceagb@yahoo.com.mx
|