Libros y lectura
Germán Orozco Mora
Una habitación sin libros es como un cuerpo sin alma-. Cicerón
Un pequeño libro, el “Hortensius” de Cicerón, recopilación de pensamientos y consejos. Cambió la vida de Aurelio Agustín, el inolvidable San Agustín de Hipona, África. Nadie ha encontrado aquel libro del que sólo Agustín hace referencias en sus “Confesiones”.
Como las revistas y periódicos, los libros son insustituibles. No llegará su fin. En 1985 la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) previó bien el futuro de los periódicos para el siglo XXI, llegamos a él y la prensa escrita sigue adelante por razones muy sencillas. Tiene más libertad, espacio y su virtud: la permanencia.
Si usted ya no vio un noticiero o programa de radio o tv, adiós; mientras que “lo escrito, escrito está”.
Los libros varían de precio, por su antigüedad, tema y originalidad. En muchos lugares los tiran, malbaratan, destruyen; en otros valen mucho.
Inútilmente, por ejemplo la Alemania Nazi quemó bibliotecas invaluables; en Polonia, Rusia, los nazis premeditadamente quería destruir la cultura de esos pueblos destruyendo a sus intelectuales, artistas, bibliotecas. Los norteamericanos han saqueado actualmente los tesoros culturales de Irak. En México también los animales revolucionarios y liberales saquearon conventos y bibliotecas eclesiásticas, para adornar sus casas y oficinas. Lo mismo hicieron los conquistadores europeos en nombre de la evangelización quemando los códices de los antiguos mexicanos.
La lectura y los libros cuestan; primero la lectura no es tan fácil, es más fácil pasarse horas frente a una pantalla de cine, TV, o computadora; para leer hay que tener silencio y soledad para aplicarse. Y los libros cuestan dinero, a veces menos que una tarjeta o recarga de celular para llamadas innecesarias; nunca tendremos para comprar libros, si lo poco que tenemos lo gastamos en vicios como el vino, cerveza, cigarros u otras bagatelas inútiles.
Que son muy caros los libros: es mentira. A menos que quiera algo inútil como uno de 2 o 3 mil dólares, que cuesta $100.00 en edición sencilla. O si lo quiere caro con pasta de carey y joyas incrustadas, no para leerlo sino para presumirlo.
Normalmente sí se puede y debe gastar en buenos libros. Ya el problema del mexicano no es el analfabetismo. Son nuestros malos hábitos intelectuales y espirituales. ¿Para qué aprendimos a leer y escribir? K. Berlo, anota que esas capacidades comunicativas del hombre, hablar, escuchar, leer, escribir, la más importante es la reflexión. Por ejemplo, en casa tenemos más de una Biblia, ¿para qué? ¿De adorno? Deberíamos leerla para vivir bien.
En una de las ferias internacionales anuales realizadas en Cuba, el libro más vendido fue la Biblia. Por eso decía José Martí que “un pueblo que no es educado por sus gobernantes, es criado para los chacales”.
Por conveniencia, o imagen, muchos gobiernos promueven la lectura así nomás, saben que un pueblo educado es mejor que uno ignorante. México es un país de gran tradición de libros y lectura; ahora estamos en la caverna no del analfabetismo, sino de la ignorancia y falta de valores. Somos más bien un pueblo “con carácter y antropológico”, por aquello de la cerveza y los antros.
De haber sido el país donde se imprimió el primer libro de América, donde se inventó la televisión a color y el sonido estereofónico, a los mexicanos nos trastornaron con muchas golosinas del alma, y del analfabetismo pasamos a ser analfabestias de narcocorridos y de “lágrimas de cocodrilo” por las telenovelas.
Carlos Castillo Peraza, que fue –dicen– el último intelectual católico mexicano, se quejaba de que en México “la cultura católica desapareció cuando comenzó el apostolado de la guitarra”. Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo. Algunos salvajes le robaron de su cuarto 8 mil dólares a Facundo Cabral en Mexicali. “Juan comodoro, buscando agua, encontró petróleo, pero se murió de sed”.
Germán Orozco Mora reside en Mexicali
Correo: Saeta87@yahoo.com
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