Las Horas de Junio en Hermosillo
Alrededor de 200 creadores participaron en el Encuentro Hispanoamericano de Escritores, donde fue homenajeado el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda.
Enrique Mendoza Hernández/Enviado especial
Hermosillo, Sonora. Aquella ciudad del “Cerro de la Campana” era un fogón. Cerca de 40 grados centígrados daban la calurosa bienvenida a cerca de 200 escritores latinoamericanos. El pretexto: ser partícipes y testigos del XIII Encuentro Hispanoamericano de Escritores, realizado del 4 al 7 de junio en la ciudad de Hermosillo y Bahía de Kino, Sonora.
Junio cuatro por la tarde-noche. Los literatos poco a poco empezaban a atiborrar el Auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia de la capital. El motivo: rendir homenaje al dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda.
Desafortunadamente, el intelectual chihuahuense no pudo asistir por motivos de salud. Sin embargo, aquella enfermedad maldita que lo agobia no fue obstáculo para que el Presidente de la Sociedad General de Escritores (Sogem) asistiera. Bueno, virtualmente, porque Rosina Conde llevaba consigo un video que contenía un mensaje del escritor. En la grabación, efectuada un día antes en la casa del dramaturgo, se observaba a un Víctor Hugo cansado y muy mermado en su salud. No obstante, agradeció el tributo que le ofrecían las “Horas…”.
En el auditorio de 10 filas para 20 ocupantes cada uno, 200 escritores observaban la pantalla. Entonces, el dramaturgo dijo sentirse “sorprendido porque no soy poeta”, aludiendo al hecho de que “Horas de Junio” es un evento propio de poetas, principalmente. Sin embargo, “lo acepto porque estamos en el mismo barco”, dijo lúcido.
En su discurso poético, Raúl Acevedo Savín justificó el hecho de que el Encuentro que coordina haya elegido al “infatigable y brillante” Víctor Hugo Rascón Banda para homenajearlo:
“`Horas de Junio’ rinde tributo al dramaturgo, narrador, al poeta que ha trascendido su producción, para también encender una hoguera en el horizonte impreciso y compartir su calidez”, pronunciaría Acevedo Savín.
“A nombre de todos nosotros queremos decirle a Rascón Banda que siga luchando por su vida. ¡Salud!, Víctor Hugo; y gracias por ser bastión de nuestras voces”, leyó el poeta mientras los escritores aplaudían, gozosos, al unísono.
De Hermosillo para Latinoamérica
“Horas de Junio” se apunta como la congregación literaria más importante del Noroeste y uno de los eventos más significativos de México y Latinoamérica. En esta ocasión cerca de 200 poetas se dieron cita en la capital sonorense, procedentes de todo el país, pero también de otras latitudes castellanas como Chile, Perú, Puerto Rico, España, entre otras.
Es de resaltar la capacidad de organización de un suceso de semejantes proporciones. Sobre todo porque no se trata de un acontecimiento que emerge desde las instituciones gubernamentales. Más bien es una tradición literaria independiente, encabezada por el poeta sonorense Abigael Bojórquez desde 1995. A Raúl Acevedo Savín le ha tocado prolongar el legado del poeta.
El orquestador del suceso literario agradeció a “la raza que nunca se raja”, misma que se ocupa de conseguir recursos, logística, hospedaje, alimentación; la mención especial fue para Cristina Murrieta y Coyito Calles.
“`Horas de Junio’ es el encuentro de escritores que cada año resplandece como un árbol colmado de goces, prolífica pedrada a la mitad del desierto. A esto hemos venido, a florecer en junio para romper todos los silencios”, pronunció Acevedo Savín durante la inauguración, ante un público jubiloso al escuchar al organizador.
El encuentro consiste en que los poetas den lectura a su obra. No hay reglas rígidas. 31 mesas congregaban entre cinco y ocho escritores cada una. Algunos consagrados, otros no tanto; todos con la intención de compartir de viva voz sus mejores obras.
“Horas de Junio” es, sobre todo, una oportunidad para que los escritores puedan convivir entre sí de forma desenfadada. Entre ellos mismos intercambiaban sus libros y firmas; también anécdotas y charlas literarias.
“En este encuentro, los escrituradores encontramos en el semblante de los otros la complicidad ansiada”, diría Savín a propósito de la calidez del suceso.
Riqueza literaria en el desierto
Por aquellas jornadas literarias, los poetas también convidaban de sus obras. Dentro del auditorio los escritores escuchaban religiosamente la lectura de sus homólogos. Afuera, en una mesa, los poetas ponían a la venta algunos de sus títulos.
Habrá que resaltar las características de las ediciones que pululaban: nada de editoriales rimbombantes. Se trataba de sellos tan independientes como importantes; algunos hasta artesanales, como los ejemplares de Nicole Delgado o Víctor Hugo Barrera. Incluso editoriales independientes recientes, como Linaje Editores, que coordina la poeta Lina Zerón.
Algunos títulos eran ofrecidos también por los autores de esa casa editorial: “Viaje a la Lengua del Puerco Espín” del poeta peruano Oscar Limache; “Apuntes para una Leyenda”, del escritor chileno Mario Meléndez y “La Herida Invisible”, de la poeta de Tlalnepantla, Lina Zerón.
Aquello era una envidiable verbena literaria. Algunos repartían trípticos, plaquetas, hojas sueltas. Era su poesía “para llevar”. Otros convidaban a diestra y siniestra la docena de ejemplares que llevaban. La cashanía-tijuanense-chilanga Rosina Conde llevaba orgullosa “Como Cashora al Sol”. Gabriela Torres Olivares repartía puros “Cuentos Descompletos”, del título “Incompletario”. Casi 200 escritores con la misma intención: compartir-leer-contagiar-inocular de su poesía a sus colegas. Imposible hacer un recuento de todos los títulos; basta decir que la riqueza literaria era inmensa en pleno desierto.
Mención aparte merecen dos títulos sonorenses: “Para Repasar el Círculo. Poesía Reunida (1996-2007)”, de Juan Manz. El escritor da a conocer una década de poesía sonorense imposible de no tomar en cuenta:
“`Para Repasar el Círculo…’ es un recorrido por la pasión telúrica y el paisaje del ensueño, las estancias amorosas y el dolor, concentrado en cotidianidades y recuerdos; poesía ceñida de la audacia y el placer que tienta la nostalgia de lo insólito, se adueña de la luz y el abismo para lograr su madurez”, reza la presentación bajo el sello del Instituto Sonorense de Cultura.
Pero también habrá que echar un vistazo a “Peregrinos. Historias de la Niñez”, una compilación a cargo de Francisco González Gaxiola bajo el apoyo de Cristina Murrieta López. Anécdota, memoria, crónica y autobiografía dan cuenta de la fertilidad del desierto sonorense.
Escritores desenfadados
Nada de reglas rígidas. Por eso los escritores daban vuelo a sus intenciones no precisamente literarias. El joven poeta Juan Pablo Aldaco no paraba de imitar al “Peje” ni de tocar su guitarra. Con su voz carraspera, Paco Moon a todo mundo regañaba-gritaba. Rosina Conde, feliz de sacarle brillo al piso con Francisco Morales o con todo aquel dispuesto a pasar un buen rato con ella. Raúl Acevedo muy acaramelado con el personaje de alguno de sus libros. Armando Alanís, triste; hasta que llegó José Luis Martínez, de Milenio Diario. Alfonso García Cortés, muy de cerca de “El Róber” y Mónica Ávila. Cristina Murrieta entreviste y entreviste. Las tijuanenses Miriam García y Abril Castro, inseparables en “Las Horas”. La chaparrita Fidelia Caballero, feliz de volver a ver al “Pancho” Morales. Lina Zerón firme y firme libros. Los gringos Dana Owen, Anna Schuer, Paul Dlouhy, Jack Cavanaugh, Paul Jones, siempre juntos. Todos desenfadados. Todos agradecidos con Raúl Acevedo Savín, el orquestador del Encuentro.
Y mientras los autobuses de la Universidad de Sonora transportaban a los escritores hacia Bahía de Kino, el calor hermosillense de junio no perdonaba a los forasteros. El “Pancho” Morales imploraba: ¡Oxxo, Oxxo! Y es que los camellos necesitaban del “agüita que ataranta”. Y en eso, en el otro autobús, Víctor Hugo Rascón Banda habló por teléfono a Raúl Acevedo. La noticia se propagó inmediatamente en el camión. Pronto Francisco Luna sacó su jarana para homenajear desde el celular de Acevedo Savín al dramaturgo, mientras todos le hacían coro reconocimiento al dramaturgo ausente-presente. Bahía de Kino recibió a los poetas. Ahí continuó el agasajo literario y de esparcimiento.
Definitivamente, “Horas de Junio” se apunta como uno de los sucesos literarios más importantes de México y Latinoamérica. Muy pronto los organizadores trabajarán en las “Horas de Junio” de 2009, de la mano del escritor Raúl Acevedo Savín.
Tijuanenses en las Horas
Escritores tijuanenses no pudieron dejar plantadas a las “Horas…”. Y como el Encuentro no conoce de protocolos ni burocracias, un singular reconocimiento tuvo cabida. Fidelia Caballero, Juan Pablo Aldaco y Mariano Sosa tomaban las tribunas para escenificar un homenaje al poeta tijuanense Francisco “El Pancho” Morales.
“Este homenaje es para mi maestro”, dijo Fidelia mientras el público aprobaba con aplausos perennes.
Entonces, mientras Aldaco tocaba su guitarra, Fidelia y Mariano daban lectura a una serie de poemas escritos por el propio Francisco Morales y Fidelia Caballero en sus andanzas bajacalifornianas:
“Pasa el hombre / Los gatos no tienen conciencia / de tus ojos de gata sigilosa. / Pasa el hombre: son sus pasos tan cansados / como el tren de los tiempos; / y el gato, ni huye ni maúlla / el hambre ha de llevarle con su fuerza”, leyó Caballero su obra. “Es el mar, definitivamente / Pienso eso, es el mar / si no: qué alegría de peces terrestres / y qué cansancio madruguero”, dio lectura Sosa a la obra del homenajeado para contestar el performance.
Además, algunos poetas consagrados dieron lectura a sus obras. Entre ellos, Roberto “El Róber” Castillo o Alfonso García Cortés; pero también las nuevas generaciones se apuntaron. En este último renglón figuraron las letras de Abril Castro y Miriam García.
Por último, Mónica Ávila Cossío también dio lectura. La novel poeta dio continuidad a su actividad literaria. Siempre será noticia que alguien opte por la vereda literaria en ciudades como Tijuana. Ya el tiempo se encargará de dar la razón a la calidad literaria.
En las “Horas…”, Ávila hizo entrega de su más reciente creación:
“Gotea la mañana de enero / mientras me visto ausente de tus ojos / y aullando de deseo / imaginándome / entre tu espada y la pared / deteniendo la humedad / pensando / en el hombre que carga el mar en sus ojos / ésos, los que me habitan”. (Enrique Mendoza Hernández/ZETA). |