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J. Jesús Blancornelas

“No lo lea”

Quien se mete en un hoyo,
no debe cavar más.
Refrán norteamericano

1977

Fue en la colonia Cacho de Tijuana y era marzo. Allí estaban, en la casa de Roberto de la Madrid, el Presidente de la República, José López Portillo. El Gobernador del Estado, Milton Castellanos Everardo. El candidato a gobernador del Estado por el Partido Revolucionario Institucional, General de División don Hermenegildo Cuenca Díaz. El Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, y el senador de la República y anfitrión, Roberto de la Madrid Romandía.

López Portillo le soltó la pregunta a Cuenca Díaz:
¿Y cómo va la campaña, mi general?
Bien, señor presidente con un agregado-sentencia, vamos a ganar, señor presidente.
– ¿Le podemos ayudar en algo, señor general?
Cuenca Díaz contestó que sí.
Que le quitaran al periódico ABC, que le quitaran a Héctor Gato Félix. Que le quitaran a Jesús Blancornelas.

Inmediato. Como de rayo, terció Reyes Heroles diciendo que eso nada más no se podía. Enérgico, imponiendo su autoridad moral, dirigiéndose al presidente y sin ver al militar, sostuvo que estábamos en la frontera y una acción como la pedía el general, en lugar de sumarle, iba a restarle votos.

Todos lo escuchaban atentos. Reyes Heroles sugirió que lo mejor era hablar con el director del periódico. Milton Castellanos terció. Le preguntó al general y éste respondió que sí, aunque le molestaba mucho lo que se publicaba en el ABC.

Entonces Milton le sugirió, palabras más, palabras menos: “Pues entonces no lo lea, general”. Y antes de que el militar replicara, el gobernador le preguntó:
¿Usted cree que mañana ese periódico va a hablar bien de usted?
No –respondió el que fuera Secretario de la Defensa Nacional.
Pues con más razón, general; no lo lea.

Es que en aquellos tiempos el vespertino independiente ABC era el único en todo el estado que señaló como inconveniente la candidatura del general. Aparte de su avanzada edad, Cuenca tenía 75 años, sostenía la publicación, toda su vida la pasó en el Ejército. Estaba acostumbrado a ordenar aunque no tuviera la razón, pero no sabía obedecer. No aceptaba discutir. Era su formación.

Era por todos lados candidato impopular, aunque eso sí: El Mexicano y La Voz de la Frontera decían que nunca Baja California tuvo tan grandioso político.

En fin, aquella mañana bajo el techo de la casona de la Cacho, López Portillo sugirió entonces a Roberto de la Madrid que hablara con Jesús Blancornelas del periódico ABC, no para convencerlo de que ya no “le pegara” al candidato, sino para que periodista y general hablaran. En ese momento Cuenca Díaz estuvo de acuerdo.

Roberto envió ese mismo día a su hermano Pancho a las oficinas de Blancornelas. Le explicó el asunto. El periodista llegó al día siguiente a la casa del senador, en la colonia Cacho. Teniendo como testigo a De la Madrid Romandía, iban a platicar. Pero a la hora de la hora no llegó el general y candidato. Mandó al empresario Ángel García, el de Dorian’s, con un  mensaje: que él no se reunía con hijos de la tiznada.

A la orilla de la alberca, Roberto transmitió el recado al reportero al tiempo que le decía:
Vente, vamos a hablarle al presidente.
Marcó y le contestó López Portillo. Lo enteró de todo, le dijo que el general faltó a su palabra.
El periodista le dijo en voz baja a Roberto:
Pregúntale en qué plan quedo yo. Me llamaron para platicar y yo cumplí.
Pepe le dijo, aquí está Blancornelas y me pregunta en qué papel queda…
“Okey”, “Okey”. Nos vemos.

Roberto colgó el teléfono. Miró a Blancornelas y le dijo:
Que adelante. Que tú sigas adelante. Que le sigas.

El reportero jamás supo si ésa fue en realidad la respuesta del presidente o si la inventó De la Madrid, que tampoco quería al general.

ABC no cambió su línea. Pasó marzo y abril. Cuando íbamos en mayo, el 17, Cuenca murió de un ataque al corazón.

Tomado del Libro Pasaste a mi Lado, de Jesús Blancornelas.

 


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