Mexicano ¡sí señor!
Si te identificas con más de una de las siguientes sentencias, es que eres “mexicano de hueso colorado”:
* Crees que el jugo del limón cura casi todo.
* Crees que un traguito de tequila cura todo lo demás.
* Cuando viajas, llevas pequeñas latas de chiles o de perdida unos tamarindos enchilosos.
* Mañana significa “ahorita no”.
* Si una boda es a las ocho, llegas a las nueve y aún no hay nadie.
* Culpas a las grandes empresas de la contaminación, pero tiras basura donde sea.
* Culpas a los ricos del tráfico.
* Culpas a los pobres del crimen.
* Culpas al PRI por casi todo lo demás.
* Culpas a los “malditos gringos” por el resto.
* Tienes más fe en un asaltante que en un policía.
* Tienes más fe en un policía que en un sacerdote.
* Tienes más fe en el gobernador que en el presidente.
* Tienes más fe en el presidente que en tu esposo (a).
* Disfrutas tomar cerveza con limón, sal, hielo, salsa Tabasco y, aun así, pides una marca importada.
* Sabes que la cerveza mexicana es una de las mejores del mundo, pero, aun así, estando entre amigos solamente pides Bud Light.
* “Licenciado” es un nombre propio.
* Tu agenda telefónica está llena de animales: “Pollo Jiménez”, “Cabrito García”, “Buey Gómez”, “Pato Ramírez”, etcétera.
* Comes tacos, enchiladas, moronga, cochinita pibil, etcétera, pero crees que las hamburguesas no son saludables.
* Cuando alguien te dice “te llamo luego”, das por hecho que no será así.
* Reportarte enfermo en lunes es normal.
* Si quieres que a tu fiesta asistan 50 personas, invitas a 150. Y si esperas que 50 personas asistan, preparas comida suficiente como para 100.
* A un mesero de 80 años le dices “joven” y a un mesero de 18 años le dices “viejo”.
* En la mesa de un restaurante hay más celulares que platos con comida.
* A todos les dices “hermano”, “mano”, “manito”, pero a tu verdadero hermano le dices “peneque”.
Autor: sociólogo desempleado.
Dos mujeres cuarentonas al teléfono
– ¡Hola! Cuéntame cómo te fue con tu cita de la otra noche…
“¡Horrible! ¡No sé qué pasó!”
– ¿Por qué? ¿No te dio ni un beso?
“¡Sí! Me besó fuerte y me mordió los labios, hasta pensé que me iba explotar el implante de colágeno o a borrarme el tatuaje. Entonces me acarició el pelo y se le atoraron los dedos en las extensiones...”.
– ¡No me digas que terminó ahí!
“¡Nooo! Después me tomó la cara entre sus manos, hasta que le tuve que pedir que no lo hiciera más, porque me estaba aplastando el Botox”.
– ¿Y no intentó nada más?
“Se puso a acariciarme las piernas y lo frené porque me acordé que no había tenido tiempo para depilarme. Al tratar de detenerlo, se me salieron dos de las uñas de acrílico. Después le entró un arrebato de lujuria impresionante y me abrazó tan fuerte que casi me revienta los implantes de silicona”.
– ¿Y después qué pasó?
“¡Que se puso a beber champaña en mi zapato!”.
– ¡Ay, qué romántico!
“¿Romántico? ¡Por poco se muere!”.
– ¿Por qué?
“Porque se tragó el corrector del juanete que estaba adentro y casi se ahoga” (¡GUÁCALA!).
– ¿Y después qué pasó?
“¡¿Puedes creerme que se paró y se fue?!”.
– ¡Ay amiga! Para mí que ese tipejo era del otro bando…
Autor: un cirujano plástico feliz.
Picosito
En la frontera de México y Estados Unidos se encuentran un ecuatoriano, un boliviano y un mexicano; están a punto de cruzar el Río Grande, cuando se percatan de que la Migra ha puesto caníbales en balsas para patrullar la frontera. Desde lejos, el jefe de la Border Patrol lo observaba todo, mientras que del lado mexicano, el ecuatoriano decide:
“ La necesidad es mucha y ahí voy…”.
Entra al río, pero antes de llegar a la mitad, los caníbales lo agarran y lo devoran. En eso el boliviano dice: “Espero cruzar antes de que se lo terminen”.
Se avienta al río y llega a la otra orilla, pero al poner el primer pie en suelo estadounidense, los antropófagos lo regresan y también se lo comen. El mexicano se espera a ver qué pasa, si los salvajes se llenaron o qué, aunque al percatarse de que no se van, no lo piensa dos veces y se arroja al río. Comienza a nadar lo más rápido que puede, pasa la mitad del río y los carniceros ni en cuenta. Llega a la otra orilla y pone el primer pie en tierra seca; observa para todos lados y no ve a nadie, así que se echa a correr perdiéndose entre los arbustos y se les escapa.
Llega el jefe de la patrulla fronteriza y le reclama al jefe de los antropófagos:
– What happened? Al ecuatoriano no lo dejaste pasar, al boliviano tampoco, pero al mexicano ni siquiera lo miraste. ¿Por qué?
“Olvídalo mi güero, con esa gente ya no nos metemos. El último mexicanito que nos echamos estaba tan picoso, que nos pegó una colitis que para qué te cuento”.
Autor: anónimo de la patrulla fronteriza.
Nunca es tarde
John Lawrence Locher tiene 90 años de edad y, por lo mismo, ha pasado por grandes sucesos, como la Depresión de los años 30 y la Segunda Guerra Mundial, en la cual combatió. Sin embargo, lo que no había hecho era cursar la preparatoria.
Todo cambió cuando hace una semana, con toga y birrete, Locher recibió felicitaciones y su diploma de bachiller luego de -¡EN ZERIO!- formar parte de la generación 2008 de egresados de la Detroit Southwestern High School.
Habían pasado 70 años desde que este ex trabajador de General Motors abandonó el colegio, en aras de la crisis económica más severa que a la fecha ha tenido el vecino país.
A la graduación asistieron cinco de los ocho orgullosos hijos de Lochner, así como su octagenaria esposa.
|