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Adela Navarro Bello

Se acaba

Entre tantos manuales que tiene el Partido Acción Nacional, deberían hacer uno más: Cómo acabar con la figura presidencial.

Desde la llegada del PAN a la Presidencia de la República en el año 2000 y con Vicente Fox Quesada, la figura del Presidente ha venido a menos. Ya no es el Ejecutivo todopoderoso, fuerte, determinante, inteligente, sabedor, conocedor y sobre todo que componía y se imponía como el número uno del País.

Con las últimas presidencias de la república en manos del PRI, se fue el control del Presidente sobre el estado mexicano. Ahora como dijo Fox, el Presidente propone y otros disponen.

El Presidente Felipe Calderón, aun cuando se ve con más carácter que su antecesor, no es la figura que todo lo sabe, de todo opina y todo lo soluciona. Y eso que sus colaboradores no dan declaraciones, no hablan, no proponen y no reaccionan a cuenta propia. La palabra del Ejecutivo se escucha cada vez más lejana. Acaso y literalmente habla en el extranjero (que no en México) y su voz retumba en nuestro país.

La figura de Calderón sirve en estos momentos, para charolear entre quienes no tienen acceso a él. Decir que ‘fui a una comida con el Presidente’ o ‘estuve en Los Pinos’, o, ‘El presidente me recibió’ no es garantía de que el entorno político, económico, social, o de seguridad, cambiará. Apenas deslumbra a dos, tres que no están enterados del asunto.

En presidencias anteriores, una audiencia con el Mandatario era sinónimo de respuesta, de acción y reacción. Ante los problemas del País, una declaración del Presidente podía modificar el escenario y hacer que muchos echaran a andar la maquinaria del estado para cambiar un contexto, una forma y en ocasiones hasta el fondo de la situación.

Pero hoy nada de eso sucede. Por el contrario, el Presidente carece cada vez de palabra, posición y presencia. Para muestra lo aprobado el jueves 19 de junio en la Cámara de Senadores.

Por 107 votos a favor y únicamente 3 abstenciones, se aprobó la reforma constitucional para modificar el formato del informe presidencial. Ahora el Presidente de la República no está obligado a acudir el 1 de septiembre ante el Congreso de la Unión a presentar personalmente su informe. Lo puede exclusivamente enviar impreso para su análisis y posterior comparecencia de los secretarios de estado.

Se agregó a la modificación senatorial la figura que llamaron “pregunta parlamentaria”, que significa que si algún legislador se quedó con alguna duda respecto del informe escrito, puede enviarla a la oficina de la Presidencia y deberá obtener respuesta en un plazo de quince días.

A reserva de la votación en la Cámara de Diputados, ya el presidente no iría al Congreso. La medida sin embargo, no se tomó para ahorrar tiempo, esfuerzo y recursos a los mexicanos; quizá el motivo principal sea la negativa de los legisladores del PRD y partidos afines a reconocer en Felipe Calderón al Presidente Constitucional. También se debió considerar la catastrófica toma de protesta de Calderón en 2006, cuando hubo de entrar prácticamente a escondidas a la cámara a tomar protesta. Y por supuesto que midieron el primer informe de gobierno que fue todo, menos una ceremonia republicana.

Los orígenes del cambio de formato para la presentación del informe, son tan infames cuanto significan un retroceso en la vida democrática del País. El Presidente ya no es El Presidente. Se ha convertido en una suerte de rehén de partidos políticos, ideologías, y voces panistas que apelan al ostracismo en lugar de la transparencia, la pulcritud y el respeto de las tradiciones y las figuras de poder en México.

Porque seguro que mensaje a la nación habrá con costo al erario. Lo mismo que ceremonia para los amigos, colaboradores y afiliados panistas. Lo único que cambiará será lo más legal y democrático que había: La entrega del informe por parte del Presidente, ante un Congreso plural, representado por las distintas corrientes políticas de este México. Ahora sí que a los panistas les gusta hacer lo suyo entre ellos, sin que nadie los impugne. Bonita cosa.

Así en el Partido Acción Nacional y con tan sólo dos presidentes de la República en su estadística de poder, ya pueden empezar a escribir el manual de “cómo acabar con la figura presidencial”, primero Fox y ahora Calderón. Están sentando las bases.
Qué pena.


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