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J. Jesús Blancornelas

Querer y no poder

El corazón no envejece,
Lo que se arruga es el cuero.
Refrán popular mexicano

1971

Hace 24 años, cuando tenía 47, el doctor Federico Martínez Manautou, lo pusieron muy cerquita de la candidatura para gobernador. La tuvo casi, casi en las manos y como para echársela a la bolsa, pero ya estaba escrito que la perdería aquel primer domingo abrileño de 1971.

El presidente de la República escogió personalmente al licenciado Milton Castellanos Everardo, y ni modo. Pero en aquellos años el PRI la hizo de emoción. Primero armó una lista de 25 posibles candidatos. A través del cronista político don Ángel Trinidad Ferreira, entonces de Excélsior, la entregó al director del otrora independiente periódico La Voz de la Frontera y luego, todos los días, por decisión también del PRI se eliminaba a un presunto.

El líder nacional priísta y profesor Manuel Sánchez Vite lo decidía personalmente. Llamaba al periodista en Mexicali, para darle el nombre del desafortunado del día. Así, hasta que tres quedaron: Eduardo Galo Tonella, Martínez Manautou y Milton Castellanos Everardo. Al primero que le cortaron las alas, el suspiro y la ilusión, fue a Tonella. Entonces, y en previsión periodística, desde la dirección de La Voz de la Frontera llamé telefónicamente a Federico Martínez Manautou. Le pedí su currículum, fotos de su infancia, juventud y actualidad. Teníamos unas en la redacción de cuando era director del ferrocarril Sonora-Baja California y muchas otras en sus tiempos de alcalde mexicalense y nada más. Se lo explicamos.

Martínez Manautou se disculpó con la caballerosidad característica y su voz melosamente suave, pausada y convincente, dijo que prefería esperar la decisión de su partido. La voluntad de las mayorías. Que entendería la situación. Que era muy delicado lo que le pedía. Que por favor lo disculpara. Ante esa negativa, el periodista llamó a Milton y le hizo la misma petición. Castellanos Everardo dijo “sí”, pero ya. Ni siquiera puso pretexto, es más, hasta aceptó dar una entrevista en ese mismo momento. Le tocó al reportero Edmundo Bustos (Q.E.P.D). Se fue rápido, y cuando regresó a la redacción llevaba dos cosas: Un susto que con impresionantes ladridos le pegó el perro propiedad de Milton… y un chorro de valiosas fotos políticas. Entre ellas aparecía con todos, pero con todos los presidentes, desde Lázaro Cárdenas hasta el de turno, Luis Echeverría.

Allí estaba con Pascual Ortiz Rubio, con Miguel Alemán, no se diga con Ruiz Cortines o con Adolfo López Mateos. Naturalmente con el maestro Sánchez Taboada, y fotos no de cajón, de reuniones personales. Cuando tuvimos en la redacción y en nuestras manos entrevista y material fotográfico simplemente comenté a mis compañeros: “Milton es el candidato”. Estaba clarísimo y así fue. Al día siguiente lo “destaparon”. Fue un jolgorio en su casa.

Muy diferente a la tristeza que se coló por todas las rendijas de su hogar siete años atrás, en 1964. Aquel año no podía creer que el general Hermenegildo Cuenca Díaz y no él fuera escogido como candidato a senador. Y no lo podía creer, porque el militar ni político era, y porque además estaba segurísimo que su amigo y secretario de Gobernación, Luis Echeverría, lo ayudaría. Pero le falló. Bueno, no tanto, porque seis años después, con todo el poder de su dedo, Echeverría hizo gobernador a Milton, y Martínez Manautou, que entonces era secretario general del gobierno del estado, se quedó en la raya. La volvió a buscar en 1977, en campaña, pero López Portillo favoreció a Roberto.

Federico quiso ser candidato en 1983. Tenía 59 años y Miguel de la Madrid se decidió por Xicoténcatl Leyva Mortera. Insistió en 1989, a los 65 años de edad, y Salinas escogió a Margarita. Perseverante, a sus 71 años la buscó nuevamente, no la alcanzó. El de este hombre es uno de esos casos especiales de la política. Hubiera sido un excelente candidato en 1965. El punto intermedio entre el liderato que rayó en el caciquismo de Ricardi y la inocencia de Sánchez Díaz.

Desgraciadamente su hermano estaba encaramado en el poder. Era secretario de la Presidencia de la República con Gustavo Díaz Ordaz y aquello sonaba a favoritismo. Pero en verdad, Federico logró la superación política por su cuenta. Martínez Manautou era un hombre desconocido por la falta de historia política, pero la veteranía mexicalense no lo olvida. Sobre todo aquel lance bohemio, político y decidido que tuvo cuando fue alcalde interino (1960-62), cuando solicitó formalmente a las autoridades vecinas norteamericanas, en buena voluntad, retirar la corona de púas que remataba la línea internacional, por lo menos en la zona citadina.

Al ser rechazada su propuesta ordenó plantar rosas al pie de la alambrada. La diferencia que ofrecía aquella hilera enorme de flores rojas fue resaltada por la prensa internacional. El reportaje llegó hasta Washington y de allá ordenaron retirar el alambre de púas. Y también cuando alcalde, disponía que los policías llevaran a los conductores ebrios a sus casas cuando los sorprendieran por vez primera; pero si volvían a conducir tomados, recibían un severo castigo. El suyo fue, en fin, un gobierno municipal querido. Lástima que los caprichos de la política no lo dejaron llegar más arriba.

Tomado del libro Pasaste a mi Lado


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