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Guaruriza

Quién sabe por qué, en calidad de qué, de a cómo o bajo qué condiciones, pero a Jesús González Reyes, el ex Alcalde de Tijuana, le cuidan la espalda varios elementos de seguridad. Lo acompañan a todas partes, pero en los restaurantes llaman más la atención, pues mientras el panista degusta sus alimentos, la guaruriza permanece de pie dentro y fuera del local, concentrados en la regordeta figura del también ex diputado federal. A qué le teme González Reyes siendo que se dedica a la academia y a cuestiones partidista; es un misterio, pero definitivamente el nudo en la garganta debe ser grande para el nivel de seguridad personal que carga. Eso, además que seguro tiene con qué pagar porque nada justificaría que el Ayuntamiento de Tijuana o alguna otra autoridad le proveyera seguridad sin tener cargo visible, tangible y productivo (asesorías no entran en este rango).

GOVEA

El ex diputado local, José Cervantes Govea, no es monedita de oro, definitivamente. Para quienes han colaborado cerca de él en los distintos cargos que ha tenido en la administración pública en Baja California, la vida ha sido difícil, por lo menos en el apartado laboral y en ese periodo. Se quejan de que pasó los límites de lo estricto hasta llegar a la enfermedad. Otros aducen que su conducta se terminó de definir en su época de Contralor y que en cada oficina que llega cuenta hasta los clips. No entienden muchos cómo es que el Alcalde Jorge Ramos lo rescató del ostracismo político para nombrarlo coordinador administrativo en la Secretaría de Seguridad, de donde hace algunos días, el Secretario Alberto Capella lo despidió por ahora sí que diferencias irreconciliables. El asunto es que, comentan en el Ayuntamiento, durante una ausencia del Secretario de Seguridad, Cervantes Govea aprovechó para correr a personal cercano a Capella, entre ellos, a Adriana Cortez, quien hace la labor de comunicación. Cuando el ex líder social regresó de su viaje se enteró, despidió a Cervantes y re-contrató a las chicas. Lo que no sabía Alberto Capella, es que la decisión de deshacerse del personal en la Secretaría de Seguridad, no fue de José Cervantes, sino de un superior tanto del coordinador como del secretario. Ahora sí que Govea obedeció órdenes. Hoy día, por decisión de un alto y hoy delgado funcionario del Ayuntamiento de Tijuana, José Cervantes Govea despacha como lo que fue, coordinador administrativo de la secretaría de seguridad pública, mientras Capella cuenta aún con el personal que le habían arrebatado. Todo un embrollo de dimes y diretes, órdenes y reinstalaciones que no dejan bien parado a quienes encabezan el gobierno tijuanense, porque en todo el caso del despido y el rescate de los empleados de Seguridad, lo que menos se consideró fue precisamente, la seguridad. Mejor, se ponderaron los compromisos políticos.

Restaurantes

Será la inseguridad, tal vez la economía por aquello de aprovechar lo que queda del famoso TLC, pero próximamente dos restaurantes se sumarán a la cadena de negocios tijuanenses que han cruzado la frontera en busca de fortuna “al otro lado”. Se trata de “La Espadaña” y “El Café la Flor”. Ambos pertenecen a la misma familia de restauranteros de gran arraigo en Tijuana. Sigue creciendo la lista de inversiones locales que han trasladado operaciones a la vecina ciudad, siguiendo los pasos de “Tacos el gordo”, “Café D’Volada”, grupo Saverios, y mariscos “Héctor´s”.  En contraparte a la bonanza de los restauranteros que inician en California, lo malo para el gobierno bajacaliforniano, es que en lugar de traer inversión, la que tiene, se le está yendo.

“Trabajo”

En el transcurso de la semana, una señora de la tercera edad, antigua residente de Tijuana, tomó un taxi desde algún punto del bulevar Agua Caliente con rumbo a su domicilio en el centro. Como suele suceder, el taxista, muy conversador, no tardó en iniciar una plática sobre temas sin mayor trascendencia. La mujer le hablaba al conductor, de unos 30 años de edad, de los cambios tan dramáticos que ha sufrido la ciudad. En eso el taxista, como sin nada, empezó a decir que lo peor de todo es que tanta inseguridad,  y el crimen que no deja buena lana, que es puro cuento. Extrañada la pasajera paró oreja. Confianzudo, el chofer comenzó a ponerle un ejemplo: unos seis meses atrás le habían pedido que cuidara a unos secuestrados. Lo hizo. Varias veces. Pero se cansó de ese “trabajo” —palabra que en efecto utilizó para calificar el delito en el que participó— porque se dio cuenta que no le pagaban tanto, que el taxi en realidad le dejaba más dinero. Por supuesto que la dama interrumpió la conversación y amablemente pidió que el individuo la dejara cuadras antes de su domicilio. Caras vemos, taxistas no sabemos.

Golpe a Hank

No es el primero, pero sí el inicio de una serie de operaciones para eliminar a los hankistas de los puestos de poder en la estructura tricolor en Baja California. A diferencia de la “operación cicatriz” muy socorrida en el PRI para limar asperezas entre sus miembros sobre todo después de una elección interna o constitucional, en Baja California se ha puesto en marcha la llamada “operación extirpación”. La idea, dicen quienes están cerca de las decisiones de la cúpula priísta, es extirpar todo lo que huela a Jorge Hank Rhon, para terminar retirando al concesionario del Hipódromo de cualquier renglón priísta. No le permitirán llenar espacios con esbirros, fieles o comparsas de Hank o de su señora esposa, la distinguida doña María Elvia Amaya. Con estas decisiones, aseguran en el PRI, la lucha contra los hankistas va en serio. El primer paso se dio cuando, hace unas semanas, Jorge Hank pretendió imponer en la dirigencia de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares a Jesús Rodríguez, hombre a su vez de la FETSE de Joel Ayala. Cuentan las voces que en una borrachera por ahí de febrero, el hoy ex dirigente cenopista Édgar Fernández le dijo a Hank que “Por qué no le damos la CNOP a Jesús Rodríguez”, la petición se supone, era por encargo del propio Ayala. Total ya entrados en tragos, Hank hipotecó su palabra de conceder la organización a Rodríguez. Hace unas semanas cuando el proceso de cambio de dirigencia en la CNOP se llega, aquellos que hoy dirigen en el PRI de Baja California, con el apoyo de la cúpula priísta en la Ciudad de México, propusieron para la organización de movimientos populares al joven diputado Chris López. En ese momento se prendió la primera señal de alerta en la casa de los Hank. En la cruda recordó que esa posición ya la había comprometido, y la pareja armó tango para cumplir con la palabra parrandera. Incluso hablaron para amenazar a otros jóvenes priístas. Pedirles el apoyo para su protegido y de paso amedrentar, muy al estilo pues. Sin embargo, los antihankistas fueron más astutos. Consiguieron en Baja California y en México lo que no pudo Hank con amenazas, las firmas de los movimientos populares apoyando la candidatura de López, de hecho conminando a que, concorde a la mayoría de las firmas, se eliminara el proceso y se ungiera al diputado local, líder estatal de la CNOP. Así se hizo. Y así inicia en Baja California, con la venia de la Ciudad de México, la “operación extirpación”, para sacar, de una buena vez, a Jorge Hank del PRI.


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