Carta para Felipe Calderón Hinojosa
Estimado Felipe:
Te nombro Felipe y te hablo de tú porque casi podrías ser mi hijo. Por ello me siento capacitada para darte un consejo que a lo mejor tiene sabor a reclamo: si se logran las dos cosas, mejor. Va pues:
La abollada democracia que creímos haber instalado (¡al fin!) en nuestro México, aquellos que nos rompimos el alma, el vestido, los zapatos y el corazón por lograr un cambio real, profundo, sufre diariamente embates que la debilitan: ya sean los trucos que los discípulos del stablisment priyista tienen bajo la manga, ya las chapuzas de iniciativos convenencieros, etcétera, etcétera que los sacan a relucir cuando les da la gana…
El caso es que hay ocasiones (muy frecuentes) en que también desde el gobierno se realizan arbitrarios nombramientos o tu equipo mete patas en cosas tan importantes como urgentes: me refiero a esos asuntos que requieren de consulta para no equivocarse, pero luego resultan ser fórmulas cocinadas en el secreteo y el dedazo…
Sendas muestras de lo anterior serían: primero el “escoger” a la señora Sáizar presidenta de CONACULTA y luego el subsiguiente nombramiento de Virgilio Muñoz en el CECUT (Centro Cultural Tijuana), ambos impulsados y tal vez impuestos (es lo que se rumora) por quienes están a tu vera y por lo tanto cercanos a tus decisiones. Entonces percibimos (y resentimos) una repetición odiosa no sólo del autoritarismo chabacano y retrógrada que el PRI ejercía, sino la nula importancia que parece dársele a lo que sucede en la cultura en lugares que no sean del agrado de las nuevas camarillas apoderadas de los lugares estratégicos en esos ámbitos de lo que llamamos “Cultura Institucional”, es decir CONACULTA y sus derivados.
Total, creo en que nunca es tarde para rectificar y cambiar de fondo y de forma tanto la estructura del imperio, perdón, digo del organismo cultural en comento, como ejercer un verdadero mecenazgo que respete los territorios y los modos específicos de cada cultura que posee nuestra diversa como rica forma de ser y hacer arte en cada región y cada etnia que forman juntos el caleidoscopio multicolor que está allí, para que lo disfrutemos …; cuando digo mecenazgo no quiero decir limosna sino digno apoyo a lo que lo merece…
Mira Felipe, sé que corro el riesgo de que no te enteres del contenido de esta carta habida cuenta de que se nos dice que tienes un equipo de lectores y asesores que a lo mejor (o a lo peor) decidan que no vale la pena que sepas lo que en Tijuana todos sabemos: me refiero a los accidentes verbales que padece el señor Muñoz. Accidente que derivó en casi delirio de grandeza del señor Muñoz al inducirlo a calificar como integrantes de un “mundito pequeñito” a los múltiples firmantes (artistas de todas las disciplinas incluidos) que manifestaban su desacuerdo por su nombramiento impuesto a dedo, desde allá…es decir, desde tu escritorio según se afirma.
En tal accidente verbal se filtró el odioso despotismo que profesa, remachado en cada palabra, en cada actitud del ahora director del CECUT. Esto, amén de otras carencias tan tristes como peligrosas cuando se trata del manejo de un organismo en el que se trabaja con ideas e ideales y, por lo mismo, hubiera sido bueno que tal conducta se hubiera intentado subsanar con un poco de humildad y otro tanto de sentido común del tantas veces nombrado, señor Muñoz…; el señor, alterado a más no poder manifestaba ese desprecio propio de un déspota, aderezado con musarañas que, por supuesto, sólo aplaudieron sus iguales…
En suma: ¿qué tal si comenzáramos por nombrar gente de probada decencia intelectual, moral y demás cualidades que se requieren para un quehacer de la naturaleza tan compleja como lo es administrar un organismo que pagamos con nuestros impuestos, para avanzar algo en el desarrollo de las artes? A lo mejor y damos en el clavo. La vulgaridad y sus llagas nos aterran…no van con el deseo de una comunidad que anhela avanzar y prosperar practicando los mejores bienes que el ser humano es capaz de producir: la belleza mediante su arte y su prodigiosa imaginación. Aquí vale recordar lo dicho por Dostovyeski. Sí, Felipe, aquel ruso extraordinario afirmó: “La belleza salvará al mundo”…; la belleza (sin duda) no permite la entrada a la mezquindad ni a la ruindad… Por tanto, ya basta de elegir a los mismos farsantes de siempre. Es todo. Adiós.
Julieta González Irigoyen
Playas de Tijuana, B.C.
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