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El conflicto social: Fuga de cerebros y la estructura intocable de los cárteles
Héctor Ramón González Cuellar
En áreas laborales relacionadas con investigar, faltan oportunidades para jóvenes. A partir de 1970 emigran cada año cinco mil profesionistas mexicanos en busca de mejores oportunidades laborales, con lo que unos 200 mil científicos trabajan en países como Canadá, Francia, Argentina, Chile y España, donde han encontrado un mejor nivel de vida y mayores posibilidades de desarrollo. La “fuga de cerebros” existe por el lento crecimiento y en esta crisis la regresión tecnológica e industrial del país, esto como responsabilidad e ineptitud de la clase política oligárquica del PRIAN y además porque los empresarios no emplean a los egresados de universidades públicas bajo el argumento de que son alborotadores y conflictivos, sin darse cuenta de que en estas instituciones hay miles de profesionales con alta calidad.
Un gobierno oligárquico, porque está al servicio de unos cuantos, enterrando la democracia y creando una desigualdad y pobreza extrema como caldo de cultivo de la delincuencia y la violencia.
En las áreas laborales relacionadas con la investigación hay pocas oportunidades para los jóvenes; la planta de científicos en diversas instituciones está compuesta por personas mayores y, al no renovarse, la producción no crece. El sector público tampoco requiere a esos profesionales, porque no tiene la cultura de contratar a personal preparado que coadyuve a realizar programas estructurales en beneficio de la sociedad; además, no tiene investigaciones importantes a su cargo. Son pocos los estudiantes que al terminar su carrera en el extranjero vuelven al país; sólo lo hacen si obtienen una buena oferta de trabajo, donde puedan desarrollar su aprendizaje.
Es necesario aprovechar el conocimiento de los becarios que han regresado, absorber las nuevas ideas que son precisas para que exista un cambio en el sistema de enseñanza y se debe modificar el sistema de admisión para facilitar la estancia de los alumnos en las carreras de su elección. Los egresados de universidades públicas tienden más a la migración que quienes concluyeron sus estudios en instituciones privadas; una de las razones es que estos últimos, en su mayoría, se relacionan con empresarios que los emplean al terminar la carrera. El 85 por ciento de los investigadores mexicanos envían a sus hijos a prepararse al extranjero, pues consideran que la educación en otras naciones es de mejor nivel.
Es de risa que las instituciones responsables del combate al crimen organizado carezcan de instrumentos para desmantelar las redes patrimoniales y financieras de los cárteles de la droga; máxime que casi el ochenta por ciento de los sectores económicos del país están infiltrados por el narco. En estas condiciones, el gobierno mexicano actual no tiene con qué sostener, con posibilidades reales de éxito, el combate al narcotráfico.
Los cárteles de la droga y sus redes patrimoniales y financieras, que son base de su expansión y su capacidad de respuesta frente a los embates del gobierno federal, están intocadas, y mientras no se destruyan las cadenas de testaferros y complicidades entre políticos y capos, la guerra contra el narcotráfico puede darse por perdida.
El gobierno de Felipe Calderón no se preparó para enfrentar la guerra contra el narcotráfico. Y es inaudito que las instituciones responsables del combate criminal no cuenten con instrumentos e inteligencia para rastrear, identificar, desmantelar las telarañas patrimoniales, comerciales y financieras extendidas dentro y fuera de México que trafica con un volumen gigantesco de armas, transporte, propiedades y cuentas bancarias.
Esa es la razón, de que más de la mitad de los casi dos mil municipios del país estén convertidos en feudos por el crimen organizado y de que sus figuras emblemáticas o simbólicas –Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, Ismael “El Mayo” Zambada, Ignacio Coronel, Eduardo Costilla, “El Coss”, entre otros– ejerzan no sólo el poder criminal, sino que ya construyeron estructuras y andamiajes muy sólidos para que sus cómplices se posicionen en el sistema del poder político y empresarial del país.
La banca mexicana para la que siempre hay ganancias y se reproducen y fusionan con una libertad de operación impresionante, está infiltrada y controlada por el dinero de la delincuencia y es cómplice de los grupos delincuenciales porque las autoridades hacendarias de mayo nivel, cierran los ojos y los protegen “por omisión”; el motivo: no cumple con las recomendaciones del Grupo Financiero Internacional (Gafi) para prevenir el lavado de dinero, ni utiliza el instrumental técnico y legal del que dispone para impedir que el dinero sucio circule por las arterias del sistema financiero, pues en muchos casos los banqueros argumentan que estas medidas les “elevan los costos de operación”.
La “pasividad”, las reglas “laxas”… pongamos ese nombre como máscara de complicidad de la banca mexicana para actuar en materia de lavado de dinero y otros delitos financieros; se traduce entonces en una abierta alianza que cimenta o ayuda al desarrollo de la narco economía y el narco Estado. El sector financiero debiera transformarse en un partícipe activo que apoye al gobierno federal. Lamentablemente no vemos este apoyo operativo hasta hoy. Lo vemos paralizado, increíblemente pasivo, se arrastra de los pies. Debería de haber mucho más activismo en ese sentido.
¿El gobierno vecino de los Estados Unidos y su presidente Barack Hussein Obama se dan cuenta? ¿La CIA y el Banco Mundial los cubre, los dirigen y asesoran? Ustedes son sabios. Pero... alguien tiene que distraer y neutralizar la fuerza de las masas y un método del cual se está abusando es esclavizar a los jóvenes y su pensamiento creativo. Cuando por omisión o porque estás arrastrando los pies no estás implementando las mejores prácticas internacionales que la banca de la Unión Europea está aplicando de manera efectiva, pues no hay duda de que, quiérase o no, se está siendo cómplice de una situación catastrófica de delincuencia organizada y de corrupción política que le cuesta al país miles de muertos al año, cada mes y cada día y deriva en una ingobernabilidad que ya parece irreversible.
Héctor Ramón González Cuellar es profesor e investigador del Instituto
Tecnológico de Tijuana.
Correo electrónico: hrgcuellar@yahoo.com
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