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Rosario Mosso Castro

Congruencia

Una falsa luna de miel financiera, fue lo que pintaron en los Presupuesto de Ingresos y Egresos de Baja California para 2009, los gobiernos estatales y municipales. Principalmente los de Acción Nacional.

Ignoraron su responsabilidad como administradores, y en un acto de irresponsable incondicionalidad, se convirtieron en secuaces de un Presidente de la República y Secretario de Hacienda que con intencional miopía se negaban a admitir la gravedad de una crisis que tenía más de dos años agobiando a los mexicanos.

Como ecos de la misma ineptitud, diputados federales y locales simplemente aprobaron los presupuestos de egresos e ingresos, sin que éstos estuvieran acordes a la realidad de una recesión económica en México. Presupuestaron más ingresos, pero la realidad los alcanzó. No llegarán a la meta. Por lo tanto terminarán con un déficit y se verán obligados a solicitar préstamos a costa de las ciudades.

Para evidenciar la falta de previsión, la incapacidad en el manejo financiero del País y empeorar la situación económica de los estados, el Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa anunció, a través de la Secretaría de Hacienda, otra reducción de 50 mil millones de pesos al presupuesto 2009, restándole 80 mil millones de pesos a lo que habían calculado de más cuando realizaron el presupuesto basados en números y proyección de ingresos fuera de la realidad de la recesión económica.

No conformes con la pésima planeación, ésta fue seguida de una mala administración, del despilfarro de recursos por parte de funcionarios de primer nivel, y de la eliminación de controles de gastos para los secretarios. Además, arrastran las consecuencias de un contrato laboral mal negociado, que resultó en un desproporcionado incremento del 9.6 por ciento a burócratas, cuando el salario mínimo apenas rebasó el 4 por ciento.

Ahora sí que no hay dinero que le alcance al Gobierno.

La actual crisis que están encarando los ayuntamientos y el gabinete estatal, está evidencia sus discapacidades administrativas, al proyectar la ejecución de acciones incongruentes. Porque se necesita un alto nivel de procacidad para amenazar y exigir a empleados con salarios bajos, que acepten vía oficio, una reducción del cuatro por ciento del salario, cuando invierten miles o millones de pesos en viajes, en ostentosas remodelaciones, y en vehículos de lujo para transportar a funcionarios.

Ahí está el ejemplo de Tijuana y los catorce millones destinados a remodelar la Secretaría de Finanzas. O los gastos excesivos promovidos por el Ayuntamiento de Mexicali para el Patronato de las Fiestas del Sol, la compra de escritorios, sillas, sillones y demás  adecuaciones de oficinas en la Casa Municipal.

Qué decir de los viajes del Gobernador José Guadalupe Osuna a la ciudad de México o al estado de Sonora a respaldar a los candidatos de su partido, o al fallido Presidente de Acción Nacional. También costó al erario, el traslado social del Presidente de la República, y el Gobernador de Baja California, a la boda del diputado Carlos Torres en Ensenada; o a la reunión partidista del consejo estatal de Acción Nacional en Tecate.

Si se dejaron de recibir 480 millones de pesos de la federación, y si los contribuyentes bajacalifornianos desistieron de aportar otros 260 millones. Resulta evidente, y lógico, que para subsanar las finanzas debieran de recurrir al recorte de gastos, de inversiones en remodelaciones, de adquisición de aparatos de comunicación, pues el 80 por ciento de los presupuestos se va en gasto corriente. Pero son medidas que los gobiernos de Acción Nacional, no han considerado. En tiempos de crisis, se siguen sirviendo con la cuchara grande.

Si quieren solidaridad y empatía, los titulares de los gobiernos locales deben tomar decisiones que incluyan medidas de austeridad para absolutamente todos los funcionarios, de todos los niveles y en todas las áreas.

Le haría mucho bien a la administración pública, que Gobernador, alcaldes y secretarios, desarrollen sus actividades con la modestia que amerita la situación económica del estado y el mundo. Y si hay demasiada humildad en ello, entonces que se muevan sin hacer uso de los recursos públicos, al fin que reciben onerosos sueldos que aún no han sido recortados.

El deterioro en las finanzas de Baja California tiene diversos orígenes, pero el dispendio es uno de los principales.

Entonces, si desean el respaldo de la sociedad, honestidad y congruencia en tiempos de crisis es todo lo que se les pide.


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