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Guerra de bandas

Adela Navarro Bello

Ernesto Ruffo Appel llama al fenómeno de agrupamientos en su partido, el de Acción Nacional, el efecto grupero. Critica así el hecho que panistas aglutinen fuerzas no en torno a conceptos ideológicos o empatía en proyectos administrativos, sino a partir de una necesidad de poder por el poder, o bajo intereses económicos.

Ciertamente en 20 años administrando Baja California, los miembros del Partido Acción Nacional se echaron a perder. Digamos que adoptaron el estilo de los cacicazgos priístas y lo llevaron a un nivel gansteril en la política y la administración pública.

Y en efecto el esquema de las bandas panistas es harto similar al de la mafia. Vea usted. Hay un líder, normalmente alguien que tuvo el poder en sus manos, que se aprovechó de la nómina, que hizo fortuna en el Gobierno, que se dedicó a crear una red de adeptos para proyectos futuros en términos de vender caro el apoyo, o extorsionar con la indiferencia.

En un organigrama vertical, debajo del líder de banda azul, se encuentran los lugartenientes, perdón, los tres, cuatro o máximo cinco seguidores del líder que dan todo por él, van hacia donde les indique y brincan a la altura que se desee.

Estos seguidores concentran a su vez un grupo de personas en una célula…perdón otra vez… en una sección electoral; estas personas generalmente tienen en común haber trabajado para el seguidor cuando el líder concentraba el poder, o fueron beneficiados con una plaza en tiempos difíciles, e incluso con préstamos, atención médica a familiares o permisos para la venta de algo.

Los integrantes de esta célula política (¿así está mejor?) tienen la obligación de promover la unidad hacia el líder, del cual eventualmente reciben una llamada telefónica o un espaldarazo en una reunión en la terminan perdiéndose por ser el último eslabón. Otra de sus consignas es conseguir, cuando sea necesario y en época electoral, la mayor cantidad de intenciones de voto o apoyos para la causa del líder cualquiera que ésta sea. La cosecha de la célula es el último eslabón. Aquellos que por una chambita, unos pesitos (o dolaritos) apoyan lo que les pidan. Éstos, generalmente, son mangueras. Predican que están en el equipo del líder, que es el bueno, que nunca los ha abandonado… pero si el líder de otra banda albiazul llega y les ofrece algo mejor, se van con él.

En estas condiciones, con esta estructura interna el PAN atravesó las elecciones el domingo 11 de abril, luego de transcurrir por una precampaña que se distinguió por el divisionismo, la compra de conciencias, la adquisición de membresía y la oferta de cargos y puestos en gobierno federal, estatal o municipal. El cochinero en pleno. La aplanadora que dejó al PRI para mutar al PAN cuando éste llegó al poder, en todo su esplendor.

Las bandas de la política organizada en Acción Nacional han marginado la ideología panista para erigir los intereses personales. Así se encuentran bandas como la de Antonio Macías Garay en Rosarito, que a pesar de la estructura (y acaso el dinero, declaró un narcotraficante) gansteril no pudo ganarle a la banda del Gobernador, que puso empeño, nómina y presupuesto para que el ex Coordinador de Gabinete obtuviera su candidatura.

Lo mismo ocurrió en Mexicali, en Tecate y por supuesto en Ensenada. De Tijuana ni hablar, fue el expediente ejemplo de lo que es la lucha entre dos bandas de la política. El cártel del Gobernador logró convertir a la organización de Jesús González Reyes, en una triste célula con territorio definido en el Distrito 8 de Tijuana. Ahí les pertenece todo, ahí no pagan piso, ni nómina ni nada, es suyo. Mientras en la ciudad en general, no hubo más ley que la del Gobernador, sus seguidores, las células políticas de éstos, y los adeptos de los últimos.

Mucho dinero, como toda organización, costó sacar adelante la interna del PAN, en lo que fue la madre de todas las guerras de bandas políticas con estructura similar a la de un cártel (incluidas las amenazas en caso de no encontrar apoyo por las buenas).

Por eso y para terminar con el principio, hace algunos años don Ernesto Ruffo Appel dijo con sus reflexiones de viejo político: Al PAN le hace falta perder. Y sí. A lo mejor ésa será la única manera de acabar con las bandas gansteriles que se apoderaron del partido y acabaron con la ideología.


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