A pesar de la tecnología de punta que presumiblemente utilizan para vigilar el acceso. Hay mujeres a las que no les tienen clemencia. Les hablan de mala manera. Las meten a un pequeño cubículo y luego la orden.
Desnúdate. Completa la vestimenta va siendo retirada. Ahora agáchate. Híncate. Abre las piernas. Una mano de hombre o de mujer las palpa en su intimidad. Sin decoro, sin respeto y sin anuencia. Decenas de mujeres son obligadas a quitarse la ropa frente a sus hijos, a custodios, médicos y comandantes en el Penal de El Hongo, en Tecate, Baja California. Es el precio que pagan por visitar a sus esposos. Si se niegan a ser humilladas oficialmente, el Comandante José Ismael Ramírez, el Subdirector del Penal, Juan Enrique Méndez Meza y el Director Andrés Martínez Chávez, les quitan sus pases de visita. Las exilian de la prisión. “Te voy a quitar el pase de por vida”, amenazan y cumplen los funcionarios. Juana Angélica Hurtado Casillas es una joven visitante asidua a El Hongo. Ahí está preso su esposo. Delitos contra la salud la causa. Joven, regiega, ya aprendió a tramitar oficios, amparos, documentos legales ante Jueces de Distrito para que le permitan la entrada que le niega el director de El Hongo. Para que le provean atención médica a su marido. Pero siempre está castigado. Oficialmente no hay nada, pero al cónyuge de Angélica lo trasladaron al área de ingresos. Ahí están prohibidas las visitas. La muchacha ha ganado todos los pleitos que le han organizado las autoridades carcelarias de Daniel de la Rosa. Ha llegado incluso a permitir la inspección corporal con tal de entrar a ver a su marido. La pasan por los Rayos X, por los Rayos Gamma, por el detector de metales, y luego la revisan al tacto. La amenazan con prohibirle para siempre la entrada si no lo permite. Por hacerla de “abogada”, Angelica Hurtado ya está en una lista negra en el Penal. Le negarán la entrada cada que acuda.
Nada de visita, mucho menos acercamiento íntimo con el marido. Cuatro meses de embarazo son el pretexto para tocarla. La última represión dice que se la hicieron a su esposo. Le cargaron unos gramos de heroína que dicen tiró en enfermería, “pero ahí van muchos internos, además estoy pidiendo que me muestren los videos de vigilancia donde se vea que la droga era de él; pero no me quieren mostrar nada. No me dejan verlo y no me dejan defenderlo”. Otro caso. Patricia Valenzuela. También preso el marido, hace viajes desde Mexicali a Tecate sólo para reconfortarlo en la prisión. La acompañan sus hijos. El 13 de marzo llegó con su vástago de 9 años. Rayos X, Rayos Gamma, detector de metales y al azar una prueba de absorción en la palma de las manos. Adelantó: su hijo es autista, requiere de medicamentos que ella provee con sus manos. Ritalón LA y Risperidona. El primer examen en las manos fue positivo. Luego otros dos negativos y un cuarto positivo. Cocaína le dijeron. Directo al cubículo y a desnudarse. También su hijo de nueve años. Juntos en la misma habitación, desnudos frente a frente. El chamaco testigo de las órdenes a su madre. De la desnudez y la humillación. Patricia dijo no a la revisión por tacto de sus partes íntimas. “Es porque algo traes, le dijeron”. Nada. La acusaron entonces de cargar droga primero, y de guardar en su cuerpo un celular, después. Lo negó una y otra vez durante dos horas que duró el interrogatorio y la tortura psicológica a la que fue sometida por Comandante y Subdirector. Pidió que la llevaran al Ministerio Público para que diera fe que no traía nada en su cuerpo y se lo negaron. Al no avanzar, decidieron “castigarla”: le quitaron su pase de visitas y el de su hijo. No más entrada a El Hongo. También la amenazaron: Cuando venga tu suegra, a ella sí la vamos a revisar completa. De estos dos casos hay constancia y denuncia en la Procuraduría de Justicia del Estado, en Asuntos Internos, en la Secretaría de Seguridad Pública, y en la Procuraduría de los Derechos Humanos. Pero ni Daniel de la Rosa Anaya, Secretario de Seguridad, ni Rommel Moreno Manjarrez, Procurador de Justicia, y mucho menos Heriberto García, de los Derechos Humanos, han hecho algo para regresar la dignidad a las mujeres que son humilladas todos los días en El Hongo. 60 son las que acuden a visita íntima y deben pasar por el tacto, cientos las que van de visita regular. La tecnología anunciada por el Gobierno del Estado de José Guadalupe Osuna Millán en marzo de 2010, acabaría con las indignas revisiones, pero no. Todo sigue igual. O peor. El poder de los directivos y comandantes se ejerce para amedrentar y “castigar” a las esposas de los reos. Aun cuando las que han sido detectadas introduciendo droga o artículos al penal, lo han sido en los aparatos de vigilancia.
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