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Buena salida
Un tipo bastante ebrio llega a su casa a las tres de la madrugada, mete la llave despacio, sin hacer ruido, para no despertar a su mujer. Pero ésta ya lo estaba esperando y, al abrirle la puerta, prende la luz.
Al verse descubierto, comienzan:
Borracho: “Qué…”.
Esposa: “Qué de qué…”.
Borracho: “Qué de qué, o qué…”.
Esposa: “Qué de qué, o qué de qué…”.
Borracho: “Qué de qué, o qué de qué o qué…”.
Esposa: “Qué de qué o qué de qué, o qué por qué…”.
Borracho: “Qué de qué o qué de qué, o qué por qué pues qué…”.
Esposa: ¿Dónde andabas?
Borracho: “¡No me cambies la conversación!”.
Autor: Alcohólicos Anónimos.
Elefantes deseosos
Estaban tres elefantes tirando hueva a toda madre en la selva, y uno de ellos comenta:
– ¡Ay, cómo quisiera tener las orejas grandotototoootas!
“¿Para qué?”, preguntan los demás.
– Pa’ moverlas y hacer una brisa deliciosa, y alivianarnos un poco de este cochino calor…
– Pues yo quisiera tener la trompa larguiiisima…, replica otro de los elefantes.
“¿Para qué?”, preguntan los otros dos.
– Pues para llegar al lago sin levantarme, succionar agua y mojarnos todos”.
El tercer elefante comenta:
– A mí me gustaría tener unas pestañas largototas, largas, largas, largas... y chinas, chinas, chinas…
“¿Para qué?”, preguntan los otros.
– Nomás por mariquita…
Autor: Zoólogo sexólogo.
Demasiado caro
Una mujer entra a la agencia de BMW. Ve un automóvil que le parece perfecto y se acerca a inspeccionarlo.
Al agacharse para tocar el interior, se le escapa un sonoro gas. Muy afligida, voltea nerviosa para ver si alguien notó su pequeño accidente y se encuentra con un vendedor parado allí, al lado suyo.
– Buenos días, señorita, ¿en qué le puedo ayudar?
Muy incómoda y disimulando el rubor, le pregunta:
“¿Qué precio tiene este precioso automóvil?”.
– Ay mujercita, si se le salió uno y bien ruidoso al tocarlo, ¡imagínese lo que le va a pasar cuando le diga lo que cuesta!, responde el vendedor.
Autor: El marido de la mujer gaseosa.
Chilangos
Dos chilangos llegan a Monterrey sin un peso (qué raro) y se reúnen a primera hora de la mañana. En eso, y en su singular tono de hablar, uno le dice al otro:
– Vamos a separarnos para pedir morralla y al final del día nos vemos aquí para ver cuánto hemos sacado cada uno.
Entonces se marchan cada uno por su lado, y a última hora de la noche se encuentran de nuevo. Uno le pregunta al otro:
– ¿Cuánto dinero les sacaste a estos de provincia?
“Como tres mil varos…”.
– Y ¿cómo le hiciste?
“Fui al parque, pinté un cartel y escribí: 'NO TENGO TRABAJO, TENGO TRES HIJOS QUE ATENDER, POR FAVOR, NECESITO AYUDA’. Y la gente fue aflojando. Y tú, ¿cuánto sacaste?”
– 58 mil 470 pesotes…
“¡¿¿¿Queee???! No manches, manito... ¿cómo le hiciste?”.
– Pues escribí un cartel que decía: “SOY CHILANGO Y ME FALTAN 10 PESOS PA' REGRESARME AL D.F”… ¡Y la gente no paraba de darme lana, carnal!
Autor: Un regio, lógicamente.
Entre cirujanos
Cinco cirujanos mexicanos discutían sobre quiénes son los mejores pacientes en una sala de operaciones.
El primer cirujano dice: “Me gusta operar contables, porque, cuando los abres, todo está ordenado por números”.
El segundo cirujano refiere: “Sí, pero los electricistas son mejores porque todos los órganos están codificados por colores, no te puedes equivocar”.
El tercer cirujano agrega: “No, los mejores son los bibliotecarios. Dentro de ellos está todo ordenado alfabéticamente”.
El cuarto argumenta: “No hay como los mecánicos, ellos ya traen las piezas de repuesto que hay que colocar”.
El quinto concluye: “Lamento contradecirlos a todos, mis apreciados compañeros, pero los políticos son los mejores pacientes para operar. No tienen corazón, no tienen estómago, no tienen tamaños -ya saben qué- y además, puedes intercambiarles el cerebro con el trasero y nadie se da cuenta”.
Autor: un político que no entendió el chiste.
Novedoso ataúd
Bill Bramanti no piensa morir pronto, pero sí está preparado para cuando Dios o alguien más lo llame a su lado.
Tan es así que este norteamericano de 67 años de edad, amante de la cerveza marca Pabst Blue Ribbon, ha mandado a hacer su féretro nada más y nada menos que -¡EN ZERIO!- en forma de una lata de su bebida favorita.
El sábado 2 de mayo, el colorido ataúd le fue entregado en Chicago, ciudad donde vive, y para celebrar la ocasión decidió llenarlo con hielo y cheve para sus amigotes que lo acompañaron en tremenda pachanga.
La caja fue construida por la funeraria Panozzo Bros. de Chicago Heights y Scott Sign Co.
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