Un programa en vivo y dos días por la ciudad, fueron parte de la agenda de Laura Bozzo en Tijuana. La peruana se vio superada por el cariño de la gente humilde que se acercó a ella, con el objetivo de que su caso y/o problema pudiera ser tratado en la popular emisión que encabeza.
Trinidad Ramírez Toriz
Playas de Tijuana, el bordo -línea que divide las fronteras- y el CECUT, fueron los sitios que la popular conductora Laura Bozzo visitó el pasado fin de semana para realizar un programa en vivo y convivir con la gente que se le acercaba para tomarse fotos, o bien, para exponerle un caso en particular.
Delgada pero de gran vitalidad, la peruana llegó puntual a su cita, primero en Playas de Tijuana, donde ayudó a limpiar el lugar y poner el ejemplo de que una ciudad limpia da un mejor aspecto, mientras que la gente, al reconocerla, se aproximó para saludarla y darle muestras de afecto.
Asimismo, Bozzo no perdió oportunidad de acercarse al muro que divide un país con otro, y recalcar que no deberían existir límites entre las naciones.
Ya por la tarde, unas 500 personas que se colocaron estratégicamente en la explanada del Centro Cultural Tijuana (CECUT) la esperaban en un improvisado escenario que se instaló para grabar una emisión de su popular programa.
“La producción se encargó de todo esto, lo que yo quería es venir a hacer un programa a Tijuana con casos importantes, ellos escogieron este lugar y Playas de Tijuana, que para mí es el símbolo de la frontera”, declaró Laura a ZETA, minutos antes de subir al entablado.
“He venido muchas veces a Tijuana, mis cumpleaños suelo pasarlos acá porque amo Tijuana. Me encanta, es un lugar donde hay mucha alegría pero también mucho dolor, hay muchísima gente que está aquí, algunos que los han deportado y que no saben qué hacer, y otros intentando cruzar al otro lado, porque en nuestros países, y me incluyo, no se les ofrece a la gente las posibilidades de una vida mejor, y como no se les ofrece trabajo y superación, no les queda otra que destruir prácticamente su vida dejando a su familia, a los seres que aman, para ir al otro lado en busca de lo que nuestros gobiernos por obligación no saben darles”, sentenció.
Presentando ante el público el regreso de un indocumentado que pasó 12 años sin ver a su madre -reencontrándose con ella en esta ciudad- y una infidelidad, la tarde del 26 de marzo, nublada y por momentos fría, Laura mandó llamar a más de uno con su ya clásica y enfática frase: “¡Que pase el desgraciaaaadoo!”.
Entre aplausos, porras y un mal audio, Laura Bozzo también regaló dos carritos para asar carne y devolvió a una madre michoacana a su hijo indocumentado, sin embargo, la abogada de profesión agradeció llevarse lo más importante de Tijuana: “Gracias por todo su cariño, aquí es donde más se siente México”.
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