Los ciudadanos reclamamos al gobierno una coordinación interinstitucional óptima, especialmente en seguridad pública, aunque también la queremos en otros ámbitos, como la economía.
Mientras se habla de crimen organizado, se llega a ver que las instituciones gubernamentales no únicamente no estén coordinadas, sino que hasta se enfrenten.
Por su parte, el gobierno reclama participación ciudadana mediante llamados enérgicos, como el famoso planteamiento Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.
Con claroscuros, el gobierno promueve la coordinación civil, por ejemplo, comités de vecinos para prevención o para que colaboren de alguna forma en obras y acciones que requiere la comunidad, lo que implica que ésta se organice para que haga una propuesta en común, aportando recursos humanos o materiales.
Pero de igual manera, el reclamo social se debe mantener y se mantiene para que el gobierno cumpla con su obligación de contar con una óptima coordinación interinstitucional, sin embargo, parafraseando a los Kennedy, en ocasiones, más que preguntarle al gobierno que por qué no se coordina debidamente, deberíamos cuestionarnos los ciudadanos por qué no estamos nosotros bien coordinados.
La dura realidad es que los mexicanos, a pesar de la gran capacidad individual con que contamos, no hemos crecido en una cultura de la coordinación civil y el trabajo en equipo, pudiendo invocar como ejemplo la selección de fútbol, donde figuras destacadas han puesto en alto el nombre de México en el mundo, pero a la hora de integrar una selección nacional, han sido más los fracasos que los éxitos, sobre todo cuando más se necesita ganar a la hora clave.
Para superar la inseguridad y pobreza, el principal reto es acabar con el estigma del perezoso y del cuento aquel donde hay botes llenos de cangrejos de origen multinacional pero con las tapaderas bien puestas, porque hasta se ayudan unos a otros para alcanzar la cima, mientras que al de los cangrejos mexicanos ni tapa hay necesidad de ponerle, porque inclusive cuando alguno por sí mismo está a punto de lograr el éxito, uno o varios se encargan de obstaculizarlo.
Nuestra realidad es que el éxito de alguno parece molestar a otros y en lugar de apoyarlo, se buscan formas de complicarle la existencia. Quien tiene una actitud negativa, en lugar de capitalizar en bien común los logros, enmaraña las posibilidades y los enemigos del avance social o los dueños de intereses oscuros se ponen felices porque se aplica el dicho: “Divide y vencerás”, cuando lo que más nos conviene a todos es entender que “la unión hace la fuerza”.
Algo similar pasa con los cambios. Nos quejamos de que con la renovación de la administración pública o de funcionarios aparece el tortuguismo y la cacería de brujas, pero en muchas ocasiones la sustitución de la mesa directiva de un organismo ciudadano de alguna manera se parece también a lo que provoca nuestra crítica hacia el gobierno.
Uno de los principales objetivos de Alianza Civil desde su nacimiento, fue promover la participación ciudadana como producto de la coordinación entre los organismos no gubernamentales, lo cual afortunadamente ha sucedido, pero lamentablemente el resultado parece no gustarle a quien no ha entendido esa misión, lo cual si bien no detendrá la marcha de nuestra Asociación, sí resulta desafortunado, porque merma cantidad o calidad de logros que entre todos podemos alcanzar.
Atentamente invitamos a dejar atrás prácticas que lejos de ayudarnos nos perjudican y que por el contrario, en lugar de obstaculizar y perder el tiempo, dediquemos esa energía a unirnos. Es lo que más nos conviene y con lo que todos salimos ganando.
Lejos de crear contrincantes en casa, hay que tener claro que los enemigos están afuera y contra ésos es contra quienes hay que sumar esfuerzos.