
Pírrico
Adela Navarro Bello
El “triunfo” que el gobernador José Guadalupe Osuna Millán obtuvo en la cámara de diputados el lunes 23 de agosto con la reforma al poder judicial, lo dejó muy maltrecho. Vulnerado. Fue su éxito pírrico.
Fue el voto 17 el tiro en el orgullo panista.
La voluntad de la diputada del PRI, Edna Pérez Corona, no le pertenece. Con todo respeto –dijera Andrés Manuel López Obrador– pero la señora actúa en respuesta a intereses espurios que corren en hipódromo y no en sociedad.
En estas condiciones, al ganar el gobernador la votación para la reforma judicial, necesitó, requirió, negoció y buscó, el apoyo de Jorge Hank Rhon. Nada más detestable que un gobernador para ganar en su congreso deba de aliarse a una de las figuras de más negro historial en Baja California.
De ahí que la victoria de Osuna Millán sea pírrica.
Además, qué fue lo que cambió.
Dos cosas. Una, los consejeros ciudadanos (tres) del consejo de la judicatura, el órgano encargado de la supervisión, administración y evaluación del poder judicial, que antes eran nombrados por el congreso del estado en su totalidad, ahora tendrán dos padres, puesto que dos serán designados por el legislativo y uno por el ejecutivo.
Lo único que cambia pues es que el gobernador, previendo que en la próxima legislatura no la tendrá fácil (evidentemente y por el voto 17 tampoco en ésta la tuvo), se quiso llevar su rebanada de pastel en el consejo de la judicatura bajo el argumento que de no ser así, otros, particularmente los priístas, se apoderarían del consejo.
Segunda, una reforma a la constitución local para la permanencia segura de magistrados en el tribunal superior de justicia por 15 años; aquellos que no tienen la calidad de inamovibles que ganaron en la corte.
Qué gana el gobernador con esta reforma a la que un ala priísta –evidentemente no de la Hank– se oponía férreamente, es muy sencillo: José Guadalupe Osuna Millán mantiene el status quo en el poder judicial, luego que enfrentará en la segunda y última parte de su sexenio un congreso local adverso y los cinco ayuntamientos en la oposición.
Lo único que podrá controlar pues, será el poder ejecutivo y el poder judicial. Pero para hacerlo, Osuna Millán tuvo que negociar su alma panista con su ex contrincante priísta.
¿Que si valió la pena? En el gobierno piensan que sí, que esta reforma le da certeza al poder judicial; otros no coinciden: el precio de la certeza fue acordar con Jorge Hank, aunque aseguran que pidió poco a cambio del voto de su diputada Edna Pérez, un consejero de la judicatura que prácticamente dicen, será Andrés Garza Chávez.
El ala priísta inconforme, la de Fernando Castro Trenti, desbocó a su caballo principal, Enrique Acosta Fregoso, contra la decisión. Este señor que solía ser potro del hipódromo, ahora acusa que el arreglo por el voto 17 fue más allá. Que hubo negociación para beneficiar los negocios de Hank que son regulados en el ámbito federal en la secretaría de gobernación.
El encono le viene al ex potro, en que en su nueva idiosincrasia priísta, lo que le interesaba a él y a su poderdante, era el control del poder judicial, cuando aseguran que ya tienen el control sobre la siguiente legislatura y los cinco ayuntamientos, como si los alcaldes, especialmente don Carlos Bustamante y don Enrique Pelayo, les fueran tan afines.
La dupla Castro-Acosta, estaba disfrutando las mieles de un poder que aún no ostentan al hipotecar el poder judicial ante el mejor postor, al menos eso fue lo que le dijeron al Gobernador Osuna y a la presidenta del tribunal, doña María Esther Rentería para que se decidieran a pactar con Jorge Hank y no permitir que la dupla maligna posara sus garras sobre el consejo de la judicatura y el tribunal.
La carnada pues, fueron las intenciones de Castro-Acosta. La pesca es la negociación de Osuna con Hank. Patético. Cayeron en el garlito los panistas, y perdieron su autonomía política, cediendo a la negociación con el impensable.
Y eso que los priístas todavía no toman posesión.
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